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martes, 11 de diciembre de 2012

PRE CONGRESO DE LAS CULTURAS


INVITACION A TODAS Y TODOS
Invitamos al Pre-Congreso de las Culturas donde se presentará y socializará los resultados de talleres, conversatorios y encuentros por la cultura; realizados por el Plan Distrital de Culturas al 2022 en su primera fase.

martes, 27 de noviembre de 2012

ANTECEDENTES, PROGRAMAS Y DEMANDAS CULTURALES DE LA ELOY ALFARO

ANTECEDENTES

Para los artistas y gestores culturales de la Administración Zonal Eloy Alfaro, la lógica de construcción de significados
culturales no se los encuentra en los eventos, por larga trayectoria que éstos tengan; lo importante es reconocer los procesos culturales comunitarios que sostienen las prácticas y dinámicas tanto en los barrios, como en los diferentes sectores artísticos y culturales del territorio.

Desarrollar una equitativa y justa distribución de
recursos económicos;
Complementar con investigación, educación superior
o tecnológica a los procesos de autoformación;
Facilitar el acceso a infraestructura barrial y
comunitaria;
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PROGRAMAS O PROYECTOS

Diálogo y gestión de conocimientos para la teorización de los saberes ancestrales.
Rutas culturales de los barrios del Sur de Quito:
investigación, formación e inclusión.

Formación e Innovación Integral y Sistémica en Gestión Cultural y Artística: profesionalización, reconocimiento de formación autodidacta y fortalecimiento interno en las organizaciones
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DEMANDAS PUNTUALES

Reducir la contratación de artistas extranjeros, así como los artistas locales de “élite”, facilitando la contratación equitativa con artistas de la localidad con pagos justos.

Los dirigentes barriales se han apropiado de los espacios públicos, es importante garantizar el uso permanente de infraestructura del barrio, sobre todo para garantizar la sostenibilidad de los procesos generados.
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jueves, 22 de noviembre de 2012

ADMINISTRACIÓN EUGENIO ESPEJO: ANTECEDENTES, PROYECTOS Y DEMANDAS CULTURALES

ANTECEDENTES
Para los artistas y gestores culturales de la Administración Zonal
Eugenio Espejo, la proyección de la cultura se enfoca desde la
diferencia en la ciudad, marcada por dos referentes:
el hipercentro financiero y comercial;y, el pensamiento y quehacer rural distrital, articulado a los fuertes componentes de la denominada cultura popular de los barrios.
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PROYECTOS

Socialización de ordenanza para el uso del Espacio
Público: evitar represión y prohibición; erradicar la
privatización de infraestructura barrial, educativa y
comunitaria;

Bancos de talento y formación de públicos para
las artes: semilleros con los niños y jóvenes;

Revalorización de las prácticas culturales de las
parroquias rurales: gastronomía ancestral, juegos
tradicionales, salud ancestral;



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DEMANDAS

La Comunicación en el sector cultural debe ser lo más
amplia;

Las comunidades y las parroquias estamos
dispuestos a apoyar las iniciativas que fomentan
una cultura incluyente;


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miércoles, 21 de noviembre de 2012

ACUERDOS Y PARTICIPACIÓN CULTURAL EN TUMBACO

ANTECEDENTES

El valle de Tumbaco, es un territorio que ha ido
desplazando la población originaria; sin embargo, las
referencias del Pueblo Kayambi y Pueblo Kitu Kara
perviven en la alimentación, vestimenta, festividades


En el valle de Tumbaco se esta dando una gran ola del
progreso por el aeropuerto, centros comerciales, unidades
educativas y desarrollo urbanístico que no se ha
encaminado con espacios de diálogo y reconocimiento de
las lógicas y proceso culturales locales (comunitarios,
artísticos).

En otro tema, Tumbaco se caracteriza por
falta de organización de los gestores
culturales. El trabajo es divorciado, con
mucho individualismo y sentidos de territorio
que no facilita trabajar en conjunto.
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LINEAMIENTOS DE PROGRAMAS Y PROYECTOS

Gestión de la Creatividad Artística:
Mapeo y catastro de los sectores del valle.
Formación y profesionalización artística.
Formación y/o fortalecimiento de redes
culturales.

Apropiación del Espacio Público:
Plan de Manejo 
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DEMANDAS PUNTUALES
Revalorización del trabajo de los artistas,
Acabar la gratuidad del trabajo artístico:

La cultura es a la comunidad… no es solo es el
arte, es también conservación, fauna y
organización.
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martes, 20 de noviembre de 2012

INSTITUCIONALIDAD PÚBLICA Y SERVICIOS CULTURALES por Paloma Dávila


Institucionalidad Pública y Servicios Culturales
La puerta abierta a puntapiés
Consideraciones generales de la puerta abierta
Dejemos por un momento que se desaten las ataduras de las verdades y que las certezas nos abandonen. Aquello que parece seguro, cierto, estable… Lo inalterable de pronto fluctúa en ese espacio del desconcierto y en la cuerda floja nos balanceamos; tiemblan nuestros pies y tiembla el miedo al pensar en la caída que nos aguarda… más si solo nos abandonamos al vértigo quizás sea posible construir desde el espacio de las verdades inciertas, dejarse caer, dejarse seducir por el espacio vacío y mientras eso sucede, fascinarnos nuevamente en reencontrar todo aquello que aprendimos en tantas y tantas caídas, en tantos y tantos golpes; permitirnos recoger las interrogantes, atar los cabos sueltos, encontrar las piezas perdidas de un enorme rompecabezas e intentar quizá una nueva figura, ensayar un nuevo dibujo. Y desde esa nueva perspectiva, abandonar lo habitual, romper con lo de siempre, juntar y recoger las piezas quizás de otros suicidas que decidieron caer al abismo de lo incierto… agarrarse de un hilo… o dos… y tejer una nueva red… recoger todas las cosas encontradas en esa caída lenta y dilatada; detenernos en las mismas y mínimas cosas que siempre están ahí pero que de tanto verlas terminamos por ignorarlas sin aprender nada de ellas…
En definitiva… ¿qué es lo peor que nos puede pasar, sino caer nuevamente?… tocar el piso, pisar fondo y si la buenaventura lo permite y llegamos vivos al descenso, tener el gusto de alzar la cabeza y contemplar lo que acabamos de crear, lo que acabamos de desordenar, reelaborar, transformar y cambiar…
Creo que no hay nada más cercano a las dinámicas y prácticas culturales que aquello que se da la oportunidad de cambiar y transformarse, de multiplicarse, de salvarse, de copiarse, de transmutarse… de perderse inclusive; justamente porque la cultura es la esfera del convivio social, allí somos, allí nos compartimos, allí trasmutamos y allí construimos lo colectivo…lo particular… lo universal.
En esta bastedad el presente ensayo es una propuesta que surge desde el vértigo de una caída retenida, una mínima intuición de certeza, una fluctuación de lo evidente y un desordenado registro de los avatares de una incipiente gestión cultural que nadie nos enseño, que se construyo apropiándose de las prácticas y las ideas que el medio nos permitía, y de la perspicacia y quizá también de un instinto insensato, suicida y temerario que nos movilizaba, y que hartos de pedir permiso para entrar, abrió y tumbó la puerta a patadas, provocándonos y despertándonos del
marasmo y del letargo, y de una teoría y praxis de la creación artística que la hemos arrebatado a una generación mezquina1; una práctica y teoría que se alimenta con ansiedad de todo aquello que nos conmueva, toque y provoque la curiosidad del que crea, recrea y expresa; de la práctica del convivio de lo colectivo y comunitario que como latinoamericanos nos acerca, se registra y se recrea en esa interacción simbólica que nos devuelve y revuelve en una dinámica cultural de la que no podemos ser solo expectantes, porque precisamente ante el abandono logró juntarnos, movilizarnos, resistir e insurgir en ese breve espacio que se devela en la acción pública de la creación y la vida de la cultura. Consideraciones sin ninguna consideración, arrebatos de buena suerte, y una fugacidad de aquello que nos conmociona, apasiona y muchas veces nos desconcierta y que otras tantas veces también nos devela en instantes de fortaleza que nos permite seguir caminando… caminando nuevamente sobre la cuerda floja… Institucionalidad Pública: poder y contrapoder de la periferia Es cansón pero cierto, el poder y todo aquello que quiera y se proponga reglamentar, regular, ordenar o dirigir; especialmente en su relación con los movimientos artísticos, estaremos siempre mirándonos desde veredas opuestas; las voces se levantan y los ánimos caldean cuando quienes estamos en el ojo del huracán y en el terreno de batalla sentimos que muy poco tienen que ver las reglamentaciones, leyes, planes y sistemas de orden que idea la institucionalidad con nuestro día a día, que nada tienen que ver con los modos que inventamos y que son tan particulares que salen de toda normalidad y por lo mismo no se termina de atinar como mismo encajamos todo esto al sistema institucional.
Por un lado las autoridades quieren responder al momento político, alcanzar objetivos, metas y planes, famosos “POAs” que los expertos consideran serán la nueva panacea del cambio y la transformación, programas que a la voz de “un nuevo mundo es posible” o mejor “la cultura ya es de todos” se abren paso entre el escritorio y la teoría de lo que “debería” ser la gestión de la cultura, así bajo una visión unilateral una vez más el poder construye los pisos del cambio y la transformación; foros, encuentros y simposios recogen importantes y reveladoras voces, se firman compromisos, se gestionan los convenios… y luego que la ebullición baja otra vez, que la carrera de caballos es detenida por la parada de burros, que los procesos se estancan, y las buenas intenciones
1 En el Ecuador los procesos de enseñanza en lo que respecta a las artes escénicas principalmente, así como el acceso a los círculos de los “artista consagrados” han marcado rupturas entre las distintas generaciones. Siendo la generación de los 90s principalmente una generación que ante el hermetismo de las generaciones anteriores, comenzó de manera independiente abriéndose paso no solo en cuanto a la confrontación de sus creaciones en espacios no convencionales, sino que inicio en el medio cultural una pujante gestión en torno a iniciativas y proyectos que propugnen nuevos paradigmas y dinámicas de la gestión cultural, la cual nació con esta generación sin ningún antecedente o referente anterior sostenido.
tambalean… entonces se quiere devolver lo facturado… lo malo es que en la devolución generalmente no hay consenso, muy posiblemente; y esto sabe la vieja práctica política: el humano es un animal de costumbres; al final simplemente las dinámicas culturales se acoplaran con el tiempo; las costumbres y prácticas se acomodaran al “reglamento” (que es el que hay y punto), y quizá con el tiempo todos lo olviden y finalmente la “autoridad” logre ordenarlo todo, regular el cómo, cuándo y dónde; las quejas y el malestar resonaran como ecos, murmullos y susurros en los pasillos de las instituciones, bajaremos la mirada y… seguiremos con el papeleo.
Sin embargo quienes venimos del tablado en el cual el conflicto es nuestro “leit motiv”, constantemente nos preguntamos todo, ¿por qué? ¿para qué? o como decimos los quiteños… ¿cómo es que dice? ¿cómo así pues mijo…?
Nos preguntamos y cuestionamos la dinámica impuesta porque a cada paso vemos como esta atropella los procesos que tanto trabajo nos ha significado levantarlos y sobre todo sostenerlos, vemos a la institucionalidad como una gran fortaleza inexplorable e inaccesible que en un inicio se muestra como aliada y amiga, más en la práctica nos vamos dando cuenta que ésta desconoce, ignora y atropella los procesos independientes, así como ignora las dinámica locales especificas surgidas desde distintos modelos o mejor dicho “modos de hacer”.
Quizás los más “vivos” sepan encontrar y sortear los recovecos de la fortaleza y aprendan a lidiar con el monstruo. Mientras tanto en la periferia del descontento, una vez más vemos la puerta cerrarse a nuestros cansados ojos, entonces sucede lo inevitable, nos distanciamos de lo que se propugna como nuestro y la marginalidad empieza a habitar todas nuestras iniciativas, una vez más nos sentimos engañados y en el agotamiento corremos tras los huesos que de vez en vez el cocinero de la fortaleza tenga a bien lanzarnos.
¿Exageración? No lo creo, desde hace aproximadamente unos 15 o 20 años hemos visto desfilar por el gobierno quiteño una serie de iniciativas que han promovido la reglamentación y la institucionalidad como mecanismos de control, orden y desarrollo, así poco a poco los quiteños y quiteñas hemos ido asimilando sendos discursos que nos ubican y nos visualizan como la gran capital patrimonio de la humanidad, Quito Luz de América, Quito Capital iberoamericana de la Cultura, Quito Ciudad Maravilla, etc. En esta dinámica de ordenamiento, reglamentación e institucionalidad, el espacio público ha ido soportando transformaciones no solo en lo físico, sino en las percepciones que los ciudadanos nos hacemos de la convivencia en los espacios comunes y compartidos, y no solo esto ha influido en esta carrera por alcanzar lo inalcanzable, sino que también la ciudad en ese afán de alinearse a la gran aldea global, de demostrar al mundo que somos civilizados, limpios, educados, turístico, etc, los procesos de institucionalización han sido también intentos nos solo de organizar lo
público como espacio físico, sino de organizar el comportamiento, de intervenir las iniciativas propias y dirigir lo que en la marginalidad y el abandono fueron apuestas a utopías de las que en su momento poco o nada le importó al poder, peor aún a la institucionalidad. Cuándo las iniciativas surgieron en nuestras propias casas, cuando ante la carencia de espacios encontramos espacios en la casa barrial, en la iglesia de la parroquia, cuando quisimos transformar cada lugar; calle, esquina, cuarto, bodega, mecánica, la sala de la tía… en un teatro, aforándolo con sábanas, plásticos, cartones y lo que fuera posible, iluminándolo con tachos de latas de pintura y cables con extensiones parchadas, ensayando en los parques, calles o galpones abandonados, sin más butacas que aquellas construidas con ladrillos y tablas… Así de alguna manera empezamos a hacer convivio creativo en los espacios públicos, sin más convenio o contrato que el de convencer al portero que nos abra la puerta, y “sin querer queriendo” peor aún sospecharlo, también se comenzó a provocar otras y distintas experiencias culturales en la comunidad… y si todas la puertas estaban cerradas entonces hacíamos públicas nuestras propias casas y por ende nuestras vidas, así de a poco empezamos a construir una dinámica de la gestión artística que crecía en la periferia del abandono institucional pero fuertemente acogida por quienes se lanzaron simplemente al agua fría, y que a cada paso también construía su propio discurso y pensamiento hallando en la sencilla didáctica de compartir con los vecinos y familiares nuestras iniciativas. Una incipiente práctica de gestión, promoción y difusión cultural se sostenía en un contrapoder situado en la periferia del poder institucional, abriéndose paso desde las sencillas prácticas surgidas en la “teoría del embale”2.
Al otro lado del muro sin embargo la institucionalidad siguió trabajando (y lo continua haciendo) con todo su aparataje humano y burocrático, su monumental infraestructura, sus recursos económicos, etc. Gobiernos tras gobiernos, administración tras administración han fomentado un “modus operandi” que define su accionar. Para la mayoría este accionar ha sido la continuidad de una historia nacional marcada a fuego y hierro por el saqueo, el despojo, la indolencia, el oportunismo y el abuso de poder en su máxima expresión, cual Edipo a muchos no nos faltan las ganas para arrancarnos los ojos y así dejar de ver esta trágica historia institucional; un grito en el silencio y una sensación de impotencia marcan estas líneas mientras intento mirar a través del velo de la memoria… sin embargo ahora me detendré únicamente, y solo por puntualizar brevemente, en los espacios culturales manejados por la institucionalidad municipal: FTNS, circuito de museos, bienes patrimoniales del centro histórico, centros culturales, etc, los cuales han ido posicionándose en la comunidad con una visión harto elitista de la cultura: cero gestión de procesos de formación de
2 Embale: lanzarse, botarse, saltar al vacío… referirse a la “Teoría del Embale” es hablar sobre los procesos de creación, gestión cultural y modos de producción, que ante la carencia, surgen desde las percepciones e intuiciones de sus propios actores, sustentadas, más que en teorías y técnicas aceptadas y comprobadas, en dinámicas impulsadas por las ganas y la imperante necesidad expresiva de confrontar su accionar públicamente. El “embale” es una urgencia y un grito en la periferia sin más argumento que la misma urgencia y la necesidad de reivindicarse individual y colectivamente como actores culturales activos.
públicos, cero sostenimiento económico, despilfarro de recursos, poca apertura a las manifestaciones artísticas locales, cero capacidad de involucramiento de los actores afines, cero gestión de aprovechamiento de recursos a través de estrategias inter-institucionales, (solo por citar algunos aspectos). Esto se resume simple y llanamente en una administración con una visión muy reducida de la dinámica cultural, alejada totalmente de un proceso de gestión a la altura de las transformaciones socio-culturales que están a la vanguardia del pensamiento y las prácticas culturales más exitosas.
Hoy por hoy y supuestamente al alba de la larga y triste noche neoliberal, las desigualdades sobrepasan en una relación de 10 a 1 los paupérrimos presupuestos para fomento a la creatividad, actividades culturales descentralizadas, procesos culturales locales, iniciativas artísticas independientes, festivales, encuentros, publicaciones, etc, es decir procesos culturales que surgen desde las bases ciudadana y las expresiones artísticas locales. En el año 2011, el presupuesto por parte de la Secretaria de Cultura para fondos concursables, iniciativas independientes, creación, difusión, etc, es decir para “la prole” fue aproximadamente de 300mil dólares, mientras que para las Fiestas de Quito fue de 5 millones de dólares, el presupuesto a la Fundación Teatro Nacional Sucre en este 2012 haciende a un aproximado de 3´8 millones - fondos únicamente para su funcionamiento interno -, recursos que son otorgados por la Municipalidad; la FTNS registra cero fondos obtenidos de gestión propia e independiente, igualmente se asignaron 400mil dólares para gastos a la “Velada Libertaria”, mientras que para la formulación de las iniciativas independientes y procesos culturales ciudadanos los recursos cada vez son menores, de hecho este 2012 se registra cero inversión para actividades culturales comunitarias y/o independientes, no se diga de los irrisorios presupuestos entregados a las administraciones zonales.
Sin embargo para que esta “inversión” no se vea tan escandalosamente alejada de los actores culturales, la municipalidad también ha ido creado otras iniciativas, digamos de “corte más popular”, así el pueblo no se quedaría elevado viendo como otros comen. De hecho nadie podría juzgar a la administración cultural municipal de no haber invertido recursos en cultura, tal es así que el Municipio de Quito es uno de los gobiernos municipales que más iniciativas y recursos ha invertido en cultura en el país, más todo este esfuerzo se borra con el codo cuando esta inversión no está sustentada por una gestión eficiente que contemple no solo la entrega de “limosnas” al sector cultural ciudadano, sino una justa, digna y creativa distribución y aprovechamiento de los recursos invertidos, de tal manera que los esfuerzos trasciendan el plano únicamente monetario, al plano de la valoración a las iniciativas locales, que son a la larga lo que en verdad construirá las bases de una real democracia cultural de primer orden.
Este año, ya con el cuarto año de revolución ciudadana y todo, el presupuesto mayor en cuanto a cultura se siguen llevando los mismos de siempre: FTNS, Museos y Centros Culturales, Fiestas de Quito, lo cual incluye el programa de elección de la Reina de Quito, evento harto absurdo con más de una crítica, no se diga la “celebración de la Fundación de Quito”, celebración que nadie entiende que mismo se celebra, y que a cualquier lógica con un mínimo de sensibilidad y sentido histórico de nuestro continente resulta sencillamente una aberración… más todos estos grandes montos no se verían tan mal si los resultados en cuanto a una corresponsabilidad y sentido de coherencia con la políticas culturales no fueran tan vergonzosamente contradictorios entre lo que se dispone y lo que se termina haciendo, lo cierto es que una vez más se constata el infame manejo institucional que nuevamente responde a intereses y cálculos ya sean políticos, electorales, y a los grupos económicos y de poder de toda la vida. La conducción actual del manejo de recursos por parte de la municipalidad no es aceptada por una gran parte de la comunidad de artistas ni de gestores culturales, pues se menosprecia el ejercicio creador, se reduce la cultura a una pancarta y a los artistas se los contrata bajo el concepto de creativos de publicidad que se conforman con cualquier donativo. El apoyo a la creación libre y el fomento a la cultura en justicia y democracia es la razón de ser de la institucionalidad, que sin embargo gasta más fondos en sus propios programas y en el pago de su burocracia que en el fomento artístico y cultural fuera de su edificio.
Por otro lado está la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el gran edificio ubicado en la Av. 6 de diciembre y Av. Patria; teatros, salas, auditorios, bibliotecas, etc conforman este monumento a la inoperancia, y a la indolencia, quienes alguna vez trabajamos en estos espacios sabemos que para que las cosas medio funcionen, es decir para que los guardias, técnicos, personal de limpieza haga su trabajo hay que “darles para las colitas”. Teatros y espacios descuidados donde claramente se ve un abandono institucional a todo nivel posible… la ignominia recorre los grandes pasillos de la CCE, de la Casa que seguramente Benjamín Carrión jamás soñó ni en sus peores pesadillas.
En la ciudad de los contrastes crecen los paralelismos que ninguna revolución por más ciudadana que sea ha logrado cambiar una historia de despojos y usurpaciones, y no porque no le da la gana o sea “mala nota”, sino porque nuestro proceso histórico se construye en una suerte de paralelismos que han marcado diferentes historias para un mismo pueblo, y que en la carrera por la sobrevivencia que nos impone el subdesarrollo no terminamos de encontrarnos peor aún de consensuar El Quito Que Queremos.. Sin embargo al fin y al cabo esto es precisamente es lo que se espera de la institucionalidad: que esta promueva el espacio en el cual se sienten los referentes para esos posibles encuentros y quizás lograr distinguir en las diferencias las igualdades que nos permitan crecer y caminar…
La privación de lo público
Se crea la institucionalidad con el afán de lo que es de todos y todas sea democráticamente gestionado y administrado, es decir, se salvaguarde lo que se considera propiedad del colectivo para beneficio, provecho y uso de todos los habitantes, sin embargo, paradójicamente a lo que esperamos, en muchas ocasiones pasa que nada es más privado que aquello que se consideraba público. En ese manejo institucional a la deriva de la falta de empoderamiento y políticas claras de gestión, sin más, quienes abanderan el manejo de la institucionalidad pública de pronto no son solo los administradores que deberían responder a una política de inclusión y deliberación de la administración institucional, sino que se convierten en los regentes, dueños y patrones de las dinámicas de gestión de la institucionalidad pública.
Para darnos cuenta de esto no se necesita de grandes análisis e investigaciones. En tantos años de creación de instituciones culturales tanto locales como nacionales, jamás ha existido una verdadera inclusión de los sectores afines a la institución pública, no se conoce de políticas claras, planes institucionales amplia y democráticamente deliberados, únicamente se promocionan eventos, ejes, iniciativas y programas mediáticos (en el mejor de los casos) mismos que se promocionan en grandes eventos que nos quieren hacer pensar que participamos, más es un secreto a voces que quienes han detentado el manejo institucional responden generalmente a intereses particulares históricamente apropiados por regentes que han hecho de la gestión pública su espacio de poder. Esto en verdad no sería un problema, todos respondemos a interés propios y particulares, el problema es que a la falta de políticas claras y un real enfoque de acción coherente a las políticas, cada administrador llega a gestionar la institucionalidad desde visiones poco claras que no representan los verdaderos intereses ciudadanos, es decir cada cual hace “lo que bien pueda”.
Este ha sido el lastre histórico de una deplorable e infame conducción del poder no solo en la ciudad de Quito sino en el Ecuador en general. En el ámbito cultural la institucionalidad de lo público se mueve en un plano de las buenas ideas y de los buenos propósitos, asistida justamente por la carencia de políticas que respondan a una visión amplia que logre dinamizar una real gestión en la cual cada uno de los ciudadanos y actores involucrados se sienta empoderado, acogido y representado en los distintos espacios de poder, gestión y acceso a la participación democrática en la institucionalidad pública.
En este punto cabe preguntarse si las políticas culturales bastaran para garantizar una gestión eficiente, incluyente, participativa, democrática, etc, tal cual la misma constitución dispone. Seguramente será un avance, más no serán suficientes ni efectivas si se continúa contemplado únicamente políticas “macro-culturales”, y si constantemente estamos buscando alinearnos en pro de lo que se considera “desarrollo y progreso”, que no es nuevo, ni tampoco es la panacea de los paradigmas más vanguardistas de gestión cultural, y que por lo mismo sigue dando traspiés a cada
paso. La nueva era, y la cultura mucho más que la economía, será el factor determinante de la gestión gubernamental. Hoy en día las políticas tradicionales para la cultura y las artes se orientan generalmente por un paradigma elaborado para otra época, aquella que da inicio a la modernidad, marcada por los valores como expresión del pensamiento humano y del desarrollo pleno del individuo. Esta política cultural de alcance parcial como ahora se percibe no resuelve el conflicto cultural que se revela cada vez más intenso en la contemporaneidad, me refiero aquel que fluctúa entre las esferas de lo público, de lo privado, de lo multicultural, de lo pluricultural, de los procesos de las minorías y nuevas culturas urbanas, así como de las prácticas culturales que perviven en la fiesta, la memoria y el mestizaje de un continente con una historia muy particular. En una época que los recursos económicos son escasos y las crisis económicas y políticas develan lo que ya sabíamos y que al parecer solo ahora muestran con más claridad el ocaso de un sistema que sencillamente ya no puede sostenerse; la definición de prioridades es inevitable, entonces es cuando el lugar del desarrollo precisa ser dado a la política cultural que visiona la constitución de una cultura política como el principal instrumento de arte público que es capaz de reconfigurar nuevamente los espacios públicos no al interior de un sistema que se desvanece, sino de propugnarse como la cultura del arte donde el ciudadano/a pueda recrear nuevos paradigmas de convivencia y sentido de la democracia.
Si acaso alguien podría juzgarnos de algo, bien podría hacerlo de todo, menos de no tener leyes ni reglamentos, de hecho toda la vida pública está regida por leyes, reglamentos, ordenanzas, estructuras, sistemas, formatos, pasos, formularios, patentes, etc, sobran los mecanismos que han tratado de poner orden para lograr una gestión más democrática de la institucionalidad pública, sin embargo cuando a ésta le atraviesa el tema cultural las complejidades son tantas que simplemente las dinámica culturales y la cultura en sus distintas y diversas expresiones no encaja, no logra calzar en tantos y tantos sistemas de orden y control. Bajo este contexto un eje fundamental del plan distrital de cultura es aquel que necesariamente debe convivir continuamente con la dinámica de la transformación y el cambio, recordando que la institucionalidad está al servicio no de la institución como fin sino del bien común y colectivo, esto se lograra en primera instancia con una aguda visión de los procesos culturales en todo orden. Pareciera que esta premisa puede resultar por lo demás básica y evidente, mas solo nos bastaría volver la mirada, ver la gestión institucional actual, y constatar que no está demás aclarar algo tan elemental.
Los parches del sistema
La onda del copy-page de programas foráneos hoy por hoy es la gran panacea sobre la que se sugiere construir esas políticas e iniciativas que suponen cambiaran nuestra vida: fondos concursables, sistemas de fomento a la creatividad, etc, son la base para el ordenamiento y la directriz de un desarrollo cultural que por fin nos sacara del subdesarrollo, lo que ha pasado con este modelo de
gestión de recursos es que por un lado efectivamente a logrado dinamizar al sector, se ha fomentado el desarrolla a la creatividad, se han dinamizado varias iniciativas de todo orden, (¿bajo qué premisas y a costo de qué?, eso es muy cuestionable, pero no me detendré en este análisis), por otro lado todos estos proyectos han sido únicamente destellos fugaces, incandescencias repentinas que no terminan por sentar los cimientos de una dinámica cultural que se propugne como eje de desarrollo sostenible y trascendente. La pregunta entonces es evidente ¿Qué esperamos de una institucionalidad pública que piense en la cultura como eje de desarrollo social fundamental para la convivencia?
Como mencione en un inicio la gestión de la cultura y la dinámica de las políticas que la acojan no pueden mantenerse en el plano de lo inamovible, de hecho nada que tenga que ver con la convivencia y el desarrollo humano podría estar situado en el terreno de lo inamovible y lo estático, esta consideración debería ser el principal motor que contemple un plan distrital de cultura que pretenda ser un gran movilizador de la creatividad, de la sensibilidad, y del convivo cultural en legitimidad.
Por esto considero que lo que respecta a la institucionalidad el plan distrital de cultura como política de desarrollo y en el marco de una re-institucionalización de lo público debe contemplar los siguientes enfoques:
 El deber y sentido de ser de la institucionalidad pública cultural: determinación de sus alcances, limitaciones e intervención en la dinámica socio-cultural de la ciudad.
 Clarificar los procesos de participación y empoderamiento en relación a las iniciativas de los actores culturales locales, sector artístico y ciudanía en general, encontrando los mecanismos y estrategias que valoren y posicionen las aspiraciones ciudadanas en cuanto a gestión cultural institucional.
 Determinación específica de uso y funcionamiento de los distintos equipamientos que se considera propiedad pública por su naturaleza específica, su tradición particular, sus características de infraestructura, su posición geográfica en la ciudad y sus posibles proyecciones, transformaciones y alcances.
 Establecer y clarificar el sistema de fomento, apoyo y desarrollo a los procesos artísticos y creativos locales referidos a: Productos artísticos directos de las distintas especialidades, puntos de difusión e intercambio de la producción creativa de las distintas especialidades, espacios de capacitación e investigación relativos a los procesos creativos.
 Configurar un sistema de patrimonio de la memoria vivo y dinámico (Museos, Archivos, Bibliotecas, etc) que se posicione en red y en relación activa con el movimiento cultural y artístico, de tal modo que se logre amplificar, potencializar y dimensionar la dinámica
cultural y los esfuerzos e iniciativas culturales y artísticos existentes, a la vez que se enriquece y diversifica los servicios institucionales que conforman el patrimonio de la memoria.
 Impulsar y reivindicar el uso de los espacios compartidos: En primera: generando una gestión eficiente de aprovechamiento de los recursos en cuanto al traspaso de información, acciones conjuntas de cooperación inter-institucionales en una red distrital de escenarios y centros culturales para el desarrollo de todas las artes, y en segunda: reivindicando la acción ciudadana de sentirse parte del espacio público, conviviendo en libertad en él, creando en él, y expresando en él la vida cultural del convivio de la diversidad y la otredad en ese continuo cambio y transformación propio de la dinámica cultural.
 Ejecución descentralizada en referencia a los campos de la creatividad, de la memoria y de la difusión de los saberes, materializada en las propias unidades centrales principales de agregación de experticia por cada campo: escénico y musical, plástica y nuevas expresiones visuales, bibliotecas y centros de saberes, museos y archivos.
 Ejecución centralizada en el caso de la Investigación y Formación, que papel cumple y puede cumplir el Instituto de la Ciudad que se espera que amplié los campos relativos a la cartografía, mapeo e indicadores culturales, así como otros de vinculación, importancia, e influencia transversal distrital, apoyándose en métodos que promuevan la participación de los principales actores involucrados permitiendo así generar otro y más completos enfoques de información para cada uno de los tópicos.
 Fomento a la dinamización de las economías culturales bajo lineamientos que promuevan la autorregulación de recursos, aprovechamiento de recursos materiales y humanos y el apoyo a sistemas eficientes y sostenidos de consumo cultural. Configurar cada uno de estos aspectos marcará un antes y un después no solo en cuanto a la percepción del buen uso de recursos que nos hagamos los actores vinculado, beneficiados, y ciudadanía en general, sino también a la gestión de recursos que logren ser invertidos de manera trascendente, así posiblemente el sector cultural bien podría avizorarse como un campo productivo y dinamizador de la las economías locales (teniendo en cuenta sus particularidades), porque pese al discurso de “inversión” que maneja la política actual en cuanto a cultura, a la “hora del té”, el ámbito cultural sigue considerándose un gasto, algo de lo que bien podría prescindirse y que realmente no representa ningún beneficio del cual sacar provecho, a menos claro está que estemos en campaña política… y quizá ni así.
Servicios y bienes culturales
Lo caótico del orden
Un aparente desorden es la primera impresión del visitante cuando entra a nuestra casa, una habitación repleta y saturada de tantas cosas, todo y nada habita en un caos por el cual apenas si se puede transitar, tal es así que los ojos del visitante deben tratar de acostumbrase y recuperarse del primer impacto, solo el hecho de cruzar la puerta puede ser para él un paso en falso… Pero no para nosotros. Nosotros nos movemos por la habitación como peces en el agua, nos deslizamos y bailamos en cada giro, porque todo aquello nos es cercano, como si siempre hubiese estado allí, porque es nuestro… incluso estuvo allí antes de nosotros mismos.
En el gran torrente de las costumbres, los saberes, el arte, la memoria, el recuerdo, la ropa tendida, las ollas y sus caldos, las hierbas, los aromas y sabores, los cuentos, las manos, las paredes y la puerta, nos damos cuenta que lo encontramos todo. A veces sobre una mesa encontramos un pedazo de espejo entonces también encontramos nuestro reflejo, en una esquina las llaves del ropero que tantas veces la buscamos y que seguramente la volveremos a extraviar, y detrás del escritorio esa foto en blanco y negro… En este aparente caos todo tiene sentido, todo calza y las piezas del rompecabezas solas y por encantamiento encajan una a una…
La cultura, sus expresiones, saberes, costumbres, modos, formas, centro, superficie, profundidad, memoria, patrimonio, artes, es el gran aparente caos en el cual nos reconocemos y en el cual nada humano nos es ajeno; nuestro caos tiene y encuentra un orden en el espacio en el que mágicamente todo tiene su lugar y todo nos queda como anillo al dedo, de ahí que cuando la institucionalidad cual visitante comedido pretende ordenarlo y “civilizarlo” todo, en nuestro sentido de orden evidentemente se desata el caos institucional.
¿Cómo ordenar todo esto? - se pregunta - Bueno, pues revolvámoslo todo nuevamente a ver si por suerte y con ayuda de la divina providencia ponemos fin al caos… No, pues entonces dejémoslo intocable, así tal cual, capaz termina sirviendo como pieza de museo… No, entonces qué tal si llamamos a los especialistas en orden… ¡¡Si¡¡ claro, para eso estudiaron tantos años, se quemaron las pestañas, gastaron cientos de plumas, desplumaron el plumero, se inventaron el agua tibia, tomaron ayahuasca y en una visión encontraron la respuesta a todos los enigmas. Si… será como encender una vela en tanta oscuridad…
Es así como a la luz de la penumbra de los especialistas en orden, al llegar a casa aun seguimos tropezando en el camino libre de caos. Ahora ya no saltamos, brincamos ni bailamos. Caminamos, marchamos… y ya nada lo intuimos, ahora mejor… todo lo pensamos y razonamos. Sin embargo a veces entre tanto orden encontramos la llave del ropero debajo de la cama y hay veces también, y sin que nadie nos mire… como en un arrebato de rebeldía, que nos da la gana de comportamos
irracional e inmaduramente revolviendo y disparatándolo todo; solo al final una cierta nostalgia del caos se le da por colarse en nuestra cama y hay veces que termina durmiendo a nuestro lado. Desde que para el Estado la cultura se convirtió en uno de los ejes de desarrollo, y para los gobiernos en una gran herramienta del poder, la institucionalidad cual brazo armado se ha trazado el gran objetivo de institucionalizar la cultura. Si lo ha logrado, bueno eso está aún por verse… más se podría pensar que en cierta medida lo está consiguiendo, tal es así que hoy hablamos de Servicios Culturales, es decir un bien capaz de entrar en el gran sistema y ser capaz de promover competencia - corrección - competitividad, economía, gestión administración, etc. La cultura entra entonces en el gran mundo de las finanzas, la política, el poder y el mercado. Más si la cultura es un gran compendio de saberes, modos, artes, patrimonio, etc, ¿será que todo se puede catalogar como servicio? ¿será que todo tiene un quid pro qua, un toma y daca, un jala y afloja?
El dilema se presenta cuando las políticas culturales (que aún no acaban por concretarse) con su carácter universalista y democrático pretenden cobijar a todo3. Los pueblos asientan sus constituciones en base a un Estado Garantista de Derechos en el cual se comprende que la vida se desarrollará en plena legitimidad, garantizado el bien y el servicio como un derecho irrenunciable. En principio todos estamos de acuerdo, de hecho esta disposición es la pregunta de la felicidad, ¿usted quiere que el estado le provea y garantice todos sus derechos sociales, culturales, humanos, etc? ¡Pues claro! nada más lógico. Más… ¿cómo se logra garantizar esto? ¿Quién paga por que sus derechos y garantías constitucionales se cumplan a pie de la letra? ¿Seguiremos los artistas y gestores culturales siendo los grandes financistas y potentados patrocinadores que hagan cumplir esta disposición? A primera vista estas políticas dan la impresión de que el Estado es el gran benefactor, es así como bajo este modelo se crean los objetivos de la institucionalidad, buscando acoger de algún modo aquello para lo que se supone esta creada. Sin embargo en esa disposición y amplitud de las políticas suele pasa que el rumbo se pierde, la brújula se satura y finalmente se camina dando tumbos, pisando a quien tenga la mala suerte de entorpecer el camino trazado por los “altos intereses de la nación”.
3 Art.- 23 “Las personas tienen derecho a acceder y participar del espacio público como ámbito de deliberación, intercambio cultural, cohesión social y promoción de la igualdad en la diversidad. El derecho a difundir en el espacio público las propias expresiones culturales se ejercerá sin más limitaciones que las que establezca la ley, con sujeción a los principios constitucionales.” Constitución de la República del Ecuador 2008 En lo que respecta al Plan Nacional del Buen Vivir, la Política 8.2 dispone: Superar las desigualdades sociales y culturales garantizando el acceso universal de toda persona o colectividad a participar y beneficiarse de los diversos bienes y expresiones culturales.
El asunto es como seguir la brújula hacia el rumbo más certero posible, porque hay una diferencia entre los servicios culturales que persigue la institucionalidad y los servicios y prácticas que devienen de procesos anteriores a ella, solo con esta distinción es posible mirar que el camino no es una vía en un sola dirección, y que muchas veces nos topamos con curvas, pasajes y senderos que no teníamos ni idea de que existiesen y que no todo puede considerarse como servicio, aunque bien puede ser considerado un bien cultural.
Es esta la delgada línea roja entre patrimonio, memoria, arte y cultura, cruzarla bastaría para que todo se trastoque, para que la tortilla se dé vuelta y configurar otra realidad. De hecho en tantos años de aciertos y desaciertos la línea se ha cruzado un sinnúmero de veces, ¿y qué ha pasado? Nada, dirían sus infractores. Lo cierto es que mucha agua ha pasado y mucha tela se ha cortado en esas idas y venidas, especialmente en lo que se refiere a las prácticas culturales que transitan por el patrimonio y la memoria. Un ejemplo de esto es la transfiguración que han tenido las festividades ancestrales a partir de la entrada de la institucionalidad como el prioste mayor de la fiesta; (al respecto bien se podría hacer un sesudo análisis) otro ejemplo es el carácter competitivo en que se han tornado los encuentros inter-parroquiales de cultura del distrito, en los cuales los diferentes grupos culturales ya no viven el encuentro y el traspaso de saberes como consigna principal, sino la competencia y el espectáculo de la cultura.
La principal característica de lo que se entiende por servicio es por lógica el acceso a él y la calidad de gestión para lograr su dinámica. Una gestión de los servicios culturales que se desee piense en provocar desarrollo y democracia cultural para beneficio social, cultural y espiritual que los pueblos necesitan, debe estar abanderada por cuidadosas y claras dinámicas de gestión que respondan y sean movilizadas por una institucionalidad en la cual los actores involucrados se sientan y se vean empoderados y representados en los procesos e iniciativas que se propugnen, siempre con un mirada hacia una constate renovación, visión y sentido de la dirección de un camino por el cual un pueblo anhela transitar. Considero que estas dinámicas de gestión en cuanto al fomento y oferta de servicios culturales deben recoger los siguientes enfoques:
 Contexto socio-cultural de la ciudad, o mejor dicho del ciudadano, cuáles son sus características, su idiosincrasia, sus prioridades y necesidades específicas. Lo cual permitirá encontrar las estrategias para conocer por dónde empezar y que consideraciones debemos tener en la planificación y dinamización de las iniciativas culturales que se promuevan. Aquí considero Importante levantar una investigación sobre demanda de servicios culturales y recreativos por sectores.
 Formación y construcción de nuevos públicos, es un hecho que este aspecto pasa como eje transversal en lo que respecta al impacto de las iniciativas culturales y artísticas que se
propugnen en la dinámica de la gestión y creación artística. Las consideraciones en este punto, deben pasar por el plano del acceso a los medios de comunicación, las estrategias para la formulación de fomento a las necesidades y consumo cultural, la valorización y sensibilidad del arte y la cultura, la economía y concepto amplio de lo que se propugna como industria cultural, acceso y gratuidad, entre los aspectos más relevantes.
 Lo centralizado y descentralizado: Buscar los mecanismos que permitan trabajar en las diferencias de las distintas dimensiones y realidades de desarrollo tanto urbanas y rurales, es decir considerar las diferencias específicas promoviendo las mismas oportunidades de acceso y equidad en la redistribución de recursos.
 Redes y corredores de acceso a servicios culturales y artísticos. Este aspecto implica que se lograría potencializar de manera sustantiva no solo las expresiones artísticas y culturales, sino también configurar un nuevo modelo de gestión de la infraestructura y el espacio público, dado por estrategias, cooperaciones, convenios y acuerdos inter-institucionales logrando establecer un sistema de gestión de servicios más amplio y diverso, que logre dinamizar y gestionar el espacio público e infraestructura: teatros, galerías, museos, bibliotecas, centros culturales, etc
 Saberes, Patrimonio, memoria y prácticas culturales: Estas se establecerían en un plano muy particular que promoverían ciertamente otras miradas y otras discusiones de lo que se comprende por servicio cultural y gestión institucional. Las consideraciones al respecto deben contemplar estas distinciones sobre todo en el plano de los alcances e intervención que promueva la institucionalidad.
 Producción y gestión de la creación artística: Definición y estrategias de desarrollo en cuanto a la producción y apoyo a la creatividad, formación y profesionalización artística, espacios de ocio y animación socio-cultural, movilidad, dinámica y gestión de la economía en el arte, Industria cultural sus consideraciones y complejidades: lo masivo vs lo único.
 Festivales, Encuentros y eventos culturales de alto impacto, vistos estos como servicios culturales promotores de nuevos públicos, provocadores de referentes de otros universos culturales, estimulador del pensamiento colectivo, y dinamizador de economías locales y desarrollo turístico.

LAS NUEVAS CENTRALIDADES Y LA CULTURA por Sara Serrano Albuja


El crecimiento urbano de Quito no siempre ha contemplado, en igual proporción, la creación, adecuación y manejo de equipamientos culturales y otro tipo de espacios que propicien una mejor calidad de vida a sus habitantes de acuerdo con las características específicas de su territorio, sus fortalezas identitarias y el potencial de su proyección presente y futura.
Frente a la imponente belleza del Centro Histórico de Quito, reconocida como patrimonio mundial de la humanidad, crece una ciudad de paradojas espaciales, de desequilibrios, segregación y falta de emprendimientos. Es visible el contraste entre el hermoso centro histórico en relación con el resto del espacio construido. Si nos imaginásemos una fotografía aérea de nuestra actual maqueta urbana, podríamos constatar esa aseveración. A vista de pájaro, observaríamos panorámicamente, que nuestra ciudad posee pocos hitos de ecoarquitectura relevantes en sus zonas de expansión, especialmente al norte y al sur de la ciudad mientras muestra un galopante retroceso de sus espacios verdes en sus laderas y en otros sitios de su territorio.
La propuesta urbana de nuestra ciudad en estos años, parece haberse concentrado alrededor del tema de vivienda que, sin duda, tiene una legítima importancia; sin embargo, desde nuestra mirada, subrayamos que la noción misma de habitabilidad y de ciudadanía es mucho más que el sitio de ocupación o posesión de viviendas. Habitabilidad es calidad de vida: contextos y lugares que propicien y enaltezcan la condición humana en correlación con el medio ambiente, la salud física y espiritual, el arte, la cultura, los imaginarios y otros referentes primordiales que se traducen en el derecho a la recreación, el empleo, la movilidad sostenible, la equidad, el derecho a la centralidad y demás parámetros para una convivencia idónea construida con respeto al alter. 1
Una mirada crítica, pero también propositiva sobre este panorama, implica abordar varios aspectos y, focalizarse, a la vez en ciertos puntos concretos. Esa visión holística y específica, intenta ser el reto al abordar el presente ensayo sobre centralidades y cultura en Quito. Su fin último está orientado a establecer un diálogo franco y pluralista que no disfrace o
1 La Carta de Atenas y otros documentos coinciden, amplían y diversifican las funciones de la habitabilidad no solo desde el pragmatismo de la ocupación espacial. El alter para este estudio son los otros y es el medio ambiente. El respeto a la alteridad y a la diversidad toca esas dos dimensiones.
atenúe al pensamiento crítico sino que, a través de este, propenda a la búsqueda de propuestas y soluciones a los problemas de nuestra urbe. Esa condición dialógica y plural es la que debiera prevalecer como principio para la toma de decisiones sabias y no cortoplacistas con respecto a las políticas urbanas en Quito y otros lugares.
Sobre este contexto inicial que implica pensar no solo en el crecimiento per se que ha priorizado los flujos en oposición a la calidad de espacios y lugares y ha subestimado las interacciones de un convivir de calidad, caben algunas interrogantes para orientar nuestra reflexión:
¿Es la fisonomía de nuestra urbe solo un parámetro de la estética urbana o es un indicador palpable de cómo camina su proyecto estratégico de ciudad y su modelo de desarrollo? ¿Los equipamientos culturales sostenibles pueden jugar un rol a la hora de pensar en una ciudad incluyente, participativa y de equilibrios? ¿Es posible pensar en el asociacionismo de diferentes estamentos sociales para este los emprendimientos culturales? ¿Qué papel juega la planificación territorial en la calidad del diseño urbano y en una mejor y equitativa distribución territorial dentro y fuera de la ciudad? ¿Qué rol protagónico pueden desempeñar los centros culturales y las bibliotecas en la lucha contra la segregación espacial y la pobreza material y espiritual? ¿Qué potencial tienen las centralidades para reforzar y diversificar el perfil espacial de una ciudad como Quito con vocación cultural y turística?
Según nuestro pensamiento, las ciudades tienen componentes fundamentales e inseparables: ciudad es la gente, su historia e identidad forjada entre la indivisible unidad binaria del cambio y las permanencias, los flujos y los lugares; pero, ciudad es también el espacio físico construido y es, así mismo, el medio ambiente que precedió al primer asentamiento humano el cual sigue siendo fuente de salud, subsistencia y referentes culturales. La geografía es identidad. Imposible concebir la historia de Quito sin el Pichincha, sin sus quebradas, sin sus bosques, sin sus valles, sin su flora, sin sus pájaros, sin su emblemático zamarrito pechinegro o quinde calzonario; imposible imaginarla desde la memoria milenaria sin su flor de taxo o sin sus lagos primigenios en las zonas de Iñaquito y Turubamba. Por todo ello ha indignado la ciudadanía quiteña, la serie de incendios que atacaron a los pocos remanentes verdes de nuestra urbe que resistieron a la urbanización.
Escritores, pintores y poetas han exaltado la naturaleza de esta ciudad. Jorge Carrera Andrade, poeta nacido en Quito, candidato al Nobel de Literatura, escribió estos versos al Machángara:
Machángara de menta: eres mi río.
Atraviesas mi pecho y no los prados.
Aguas de historia y lágrimas de siglos,
mortaja de crepúsculos ahogados
El espacio está enlazado a la cultura, al alma de los pueblos y personas. No de una manera mecánica o determinista, simplemente está. Mencionamos en este ensayo todos estos delicados vínculos urbanos en la idea de contextualizar nuestro análisis y propuesta sobre la necesidad de reforzar el perfil cultural como un aporte a las funciones de centralidad conectadas con un desarrollo sostenible con una planificación participativa interdisciplinaria. Respetar, potenciar y saber distinguir tales vínculos constituye el reto del presente y el futuro para ciudadanos y gobernantes y es el legado que dejaremos a las siguientes generaciones como la mejor o peor evaluación de nuestro paso.
De manera flexible, somos partícipes de las visiones fraternas no excluyentes contenidas en categorías como calidad de vida, bien común o buen vivir que se interconectan y fraternizan con tantos otros discursos y utopías valiosas cuyo hilo conductor resume la aspiración de los seres humanos por construir un mundo mejor lejos de las posiciones utilitaristas o pragmatistas para las cuales el progreso ha significado prioritariamente dominio y exclusión. El espacio en conjunción y no aislado de los otros elementos, como lo hemos recalcado, es clave a la hora de pensar la ciudad. Así lo proponen diversas corrientes del nuevo urbanismo2:
Reconocemos que las soluciones físicas por sí solas no resolverán problemas sociales y económicos pero tampoco puede sostenerse una economía saludable, una estabilidad comunitaria, y un medio ambiente natural sin el respaldo de un marco físico coherente. (Carta del Nuevo Urbanismo, 2008)
Justamente, porque no nos sumamos a las posiciones que se desentienden irresponsablemente de ese “marco físico coherente”, proponemos en este ensayo un diálogo horizontal para Quito, entre la planificación urbana y el mundo de la cultura desde el valioso aporte que los centros culturales, las bibliotecas y los diversos actores del mundo del libro y la lectura pueden realizar en unión con otros aliados culturales y el conjunto de la ciudadanía.3
Hace varios años, distintas organizaciones internacionales advirtieron a la sociedad sobre el hecho de que más del 50% de la población del mundo se irán asentando en las
2 Congreso para el Nuevo Urbanismo (CNU) (2008), Carta para el Nuevo Urbanismo, en www. cnu.org, enero del 2008.
3 Desarrollo no es lo mismo que crecimiento. El debate y la crítica a la crítica del desarrollo gira en torno a esos límites.
ciudades. Documentos históricos como Nuestro Futuro Común conocido, también, como el informe Brunthland, señalaron al reto urbano como uno de sus puntos estratégicos a considerar4. La preocupación sobre este aspecto radicaba en la no disponibilidad de recursos y la falta de preparación local para tales escenarios. Se puede seguir enriqueciendo y hasta criticando las reflexiones iniciales de estos documentos, señalando, por ejemplo, que los desbalances entre el campo y la ciudad, las crisis económicas y la poca valoración que los estados han dado al sector estratégico de la agricultura explican, en parte esa tendencia y creciente flujo hacia las urbes del planeta. Sucintamente, podemos mencionar, además, a las contradicciones sistémicas de modelos económicos cuestionados y a otros factores ligados a la gestión y a la toma de decisiones políticas no siempre acertadas. Hoy por hoy, la aglomeración en ciudades es una verdad irrefutable que sigue siendo estudiada (Mac Neil, 2000) (Ospina, 2010). El rostro urbano de América Latina y de nuestra ciudad, confirman esa tendencia al creciente y, a veces, caótico crecimiento lo cual exhorta a los gobiernos locales y al conjunto de la población a asumir nuevos retos y una posición más protagónica. El rol de la planificación urbana, en este sentido, juega un papel primordial desde el ejercicio ético y político, dado que en muchos territorios del mundo y de nuestra América Latina ocurrió lo que así reseña Peter Hall:
En los años setenta, el urbanismo cambió totalmente y en los ochenta parecía abocado a la autodestrucción. Daba la sensación de que la planificación convencional y el uso de planes y normas para reglamentar el uso del suelo, habían caído en total descrédito. En lugar de regular el crecimiento urbano, el urbanista se había dedicado a fomentarlo con todos los recursos que tenía a su alcance. La idea que predominaba era que la ciudad era una máquina de crear riqueza y que la función principal del urbanismo era engrasar la máquina.
El urbanista se identificó cada vez más con el promotor, su tradicional adversario: el guardabosque se había convertido en cazador furtivo. (Hall, 1996: 354).
La preocupación por auscultar el crecimiento desbalanceado de Quito se registra en varios documentos, algunos de esos estudios con énfasis prospectivo han sido promovidos
4 El postulado fundamental de este informe fue el desarrollo sostenible entendido, según este documento, como aquel que garantiza las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las naciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.
por el propio gobierno local. El Banco Interamericano de Desarrollo, BID5, refiere como problema en Quito estos desbalances con altos costos sociales.
Esta dinámica poblacional ha acentuado la tendencia histórica a la conformación de una ciudad lineal de 42Km de largo y solo 4Km de ancho, ubicada en diferentes niveles de altura, que comienza a presionar la ocupación de área protegidas y o de riesgo. (BID, 2010)
Reposicionar el lado cultural en las centralidades es nuestra propuesta con la cual podemos dar un respiro al tipo de crecimiento que nuestra ciudad está experimentando. Si bien, como sostiene Hartley, “el término cultura es multidiscursivo” (Hartley, 1997:8) cabe mencionar algunos conceptos que amplían su andamiaje nocional, entre ellos recreación, disfrute, desarrollo, diversidad, derecho, participación, inclusión, equidad; todo este abanico semántico nos invita a pensar en el enorme potencial y campo de acción que lo cultural implica como abordaje de lo urbano. La cultura hace parte del patrimonio, del legado variopinto de un pueblo para las siguientes generaciones. Así lo sistematizó la UNESCO en uno de sus postulados:
El patrimonio cultural de un pueblo comprende las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones anónimas surgidas del alma popular, y el conjunto de valores que dan un sentido a la vida. Es decir las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo: la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas
Bajo, nuestra óptica, la cultura es parte de la riqueza espiritual y de la defensa de la alegría y la libertad de los pueblos. Nuestra posición no solo valora y piensa lo cultural desde las agendas y calendarios de los gestores y artistas. Tampoco piensa exclusivamente en la ocupación esporádica de los espacios públicos. Tales estrategias son valiosas y han merecido el aplauso social, el apoyo institucional y el esfuerzo creador de varios actores culturales y gestores, pero pueden resultar insuficientes si no se piensa también en la planificación urbana que incorpore la concepción misma de lo cultural a su diseño y proyecto urbano para una mayor sostenibilidad. Hay actividades específicas que no solo dependen de la toma espontánea de lugares públicos de forma esporádica sino que requieren de equipamientos especiales que garanticen, continuidad, permanencia así como la preservación de los objetos
5 En su estudio Identificación y fortalecimiento de Centralidades Urbanas El Caso de Quito (BID, 2010) refuerza el análisis del desarrollo territorial desbalanceado de Quito con importantes impactos sociales.
expuestos y su adecuada comunicación con el público. Libros, mapas, documentos invaluables y otros objetos artísticos, así como recitales o conferencias no siempre pueden estar expuestos en sitios públicos sin la adecuada infraestructura. La maravillosa y dolorosa historia de la Biblioteca de Alejandría comentada por el astrónomo humanista Carl Sagan en su emblemático libro Cosmos, muestra la importancia de la ocupación espacial para atesorar uno de los referentes más elevados de la cultura en todos los tiempos: el libro, en ese tiempo hecho con otro tipo de soportes. Existió un destacado espacio en el territorio que dio representatividad, conocimiento e historia memorable a la famosa Alejandría. Esa importancia espacial para la cultura es una muestra de que la antigüedad valoró supremamente el espacio que catalizó su perfil cultural. Dedicaremos algunas páginas posteriores a relevar el papel trascendental y movilizador que las bibliotecas y los centros culturales pueden generar en el territorio si se convierten en núcleos de las llamadas centralidades, conocidas, de manera general en la terminología urbana, como los lugares desde donde se ordenan los territorios y se atraen flujos. Volviendo al apasionante tema de la biblioteca, Carl Sagan pinta su magnitud así:
El núcleo de la biblioteca era su colección de libros. Los organizadores escudriñaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Los buques de comercio que arribaban a Alejandría eran registrados por la policía y no en busca de contrabando, sino de libros.
Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difícil estimar el número preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio millón de volúmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano.
(Sagan, 1980: 20)
No siempre se deben construir nuevas edificaciones, algunas experiencias como Les Maisons folies de Wazzemmes o de Moulis en la ciudad de Lille fueron habilitadas en el año 2004 durante los eventos de Lille Capital Europea de la Cultura, muestran más bien procesos de restauración y adecuación de edificaciones hacia usos culturales. Según nos explicara Melanie Bizet, funcionaria de la Alianza Francesa en Quito, estas eran antiguas fábricas de textiles que fueron recuperadas para “transformarse en espacios culturales de proximidad”.
Sostenemos en este ensayo que buscar íconos importantes que estén desatendidos y darles un nuevo uso cultural puede generar en la población sentimientos de cercanía, de memoria y de disfrute y cumplir con la función de “proximidad” y restauración del entorno anteriormente citada. Evitar el impacto de nuevas construcciones e inventariar las potencialidades de
equipamientos e infraestructuras existentes es apegarse a la sostenibilidad y debería ser parte una política territorial cultural permanente. En Quito, hay experiencias valiosas sobre lugares rescatados de la tugurización, la destrucción y el olvido como el centenario Hospital San Juan de Dios y el Antiguo Hospital Militar que ahora es considerado como uno de los más bellos centros culturales de la ciudad. Este actual museo contó con la participación y el apoyo de toda la comunidad del tradicional barrio América de Quito para su defensa, ese acompañamiento social lo legitima ante la tensión social y las disputas que, en ocasiones, implica replantearse un nuevo uso. El antiguo Hospital Militar, ahora convertido en centro cultural le dio un nuevo rostro a ese sector y a la ciudad y se convirtió en un referente de centralidad por los flujos que genera. ¿Cuántas otras edificaciones pueden albergar la memoria cultural de esta ciudad y dar vitalidad y acogida a actividades que recreen el alma de los quiteños y todos los visitantes? ¿Cuánta carencia de estos emprendimientos hay en las zonas de expansión y en las periferias de nuestra ciudad?
Centralidades, cultura y libros para Quito
La condición matriz de organizar un territorio, la atractividad de flujos y la multifuncionalidad son los elementos que prevalecen a la hora de definir lo que es, en términos de ordenamiento urbano, una centralidad.
Desde la teoría de los lugares centrales planteada por Walter Cristaller, se entiende a la centralidad como una categoría que organiza y jerarquiza el territorio y genera, además, procesos de flujo y atracción como ya lo dijimos. No nos detendremos en el análisis pormenorizado de las significaciones de este concepto o sus posibles interpretaciones. Nos interesa, más bien, destacar de la centralidad su abordaje desde el ángulo de la función y hacerlo propositivamente. A partir de pensar en las potencialidades y diversos usos de su función, queremos imbricar el tema del perfil cultural como una fortaleza espacial de las centralidades para Quito.
Algunas actividades y funciones como la mercantil e inmobiliaria han prevalecido sobre otras. La alusión a esta condición hegemonizante, de ninguna manera pretende anular a ninguna actividad que tenga una jerarquía determinada. Nos inclinamos, más bien por lograr una vinculación armónica y diversa, consensuada y conectada al proyecto de ciudad y a la alteridad que incorpore y no desplace a otras actividades. En ese sentido el mercado, el estado y la ciudadanía debieran tener un posicionamiento de equilibrio a la hora de concebir y ocupar las centralidades. Diversificar el perfil de las centralidades posicionando al relegado
perfil cultural que ha sido opacado constituye a nuestro juicio incluir nuevas voces, actividades y relaciones al potencial multicolor de nuestra ciudad y enriquecerlo.
El tema de las centralidades ha sido un tema de reflexión en el gobierno local de nuestra ciudad, se lo ha tratado pormenorizadamente en el Plan General de Desarrollo Territorial (PGDT) con proyección hasta el 2020. (Mena Segura, 2008: 12) ¿Qué conocemos, los quiteños, sobre este y otros planes estratégicos y cómo evaluarlos? Esta interrogante avala nuestra posición en el sentido de darle un contenido más participativo al carácter mismo de la conformación de centralidad lo cual toca, necesariamente, el tema del ordenamiento territorial orientado hacia nuevas visiones de gobernanza, de interdisciplinariedad y retos democratizadores.
Si de proponer al diseño territorial se trata, el ámbito de lo cultural con la especificidad del aporte del libro es nuestro planteamiento concreto para las centralidades de Quito y sus zonas de expansión. Lo reiteramos.
Hemos hablado, en anteriores párrafos, de la necesidad de pensar en los equipamientos culturales ideados desde la estética y la sostenibilidad y la inclusión de todos los estamentos del mercado, el estado y la ciudadanía. También hemos hablado de los soportes y fundamentos éticos y filosóficos que sostienen la propuesta de centralidades y que están ligados a una visión holística y no antropocentrista. Nuestra mirada reconoce y diferencia las partes y sus vinculaciones necesarias en ciudad y propone estrategias respetuosas para el bien común pensando en esa complejidad. Antes de abordar aspectos preponderantes de este ensayo como el tipo de equipamientos culturales relativos a bibliotecas y centros culturales, queremos apuntar que para autores del pensamiento urbano como Jordi Borja (Borja. 2011) la centralidad está elevada a la jerarquía de derecho.
6. Derecho a la centralidad. Todas las áreas de la ciudad metropolitana deben poseer lugares con valor de centralidad y todos los habitantes deberían poder acceder con igual facilidad a los centros urbanos o metropolitanos. (…) (Borja, 2011)
Dar continuidad al proyecto de Quito como una ciudad con vocación turística y cultural no es una idea forzada, es absolutamente coherente si se piensa en su riqueza humana, en su Centro Histórico y en todas sus fortalezas. Tener proyección más allá de todas las bondades que el Centro Histórico ha brindado a la ciudad, es perfeccionar ese legado. El posicionamiento cultural en todas las centralidades de Quito puede apuntalar esta mirada. En las zonas de expansión y sus periferias al norte y sur y los valles, este tipo de proyecto de
ciudad puede generar escenarios positivos y movilizadores. En ese contexto, son valiosos los aportes que el turismo sostenible y la estética pueden generar con respecto una mejor calidad de vida que democratice los espacios. El mismo Jordi Borja habla sobre la estética urbana en los siguientes términos:
3 Derecho a la belleza. El lujo del espacio público y de los equipamientos colectivos no es despilfarro, es justicia. Los programas públicos de vivienda, infraestructuras y servicios deben incorporar la dimensión estética como prueba de calidad urbana y de reconocimiento de necesidad social. Cuanto más contenido social tiene un proyecto urbano, más importante la forma, el diseño, la calidad de los materiales, etc. (Borja, 2011)
Sobre la estética urbana y su conexión con el turismo y la diversidad, Manito Félix habla de algunos ejemplos que han potenciado las fortalezas urbanas y refiere el caso de la histórica plaza de Berlín Postdamer Platz6 que fuera destruida durante la segunda guerra mundial y reconstruida luego de esta. Actualmente, esta plaza presenta un rostro renovado y una nueva arquitectura “con equipamiento de ocio y cultura que recibe muchos visitantes anualmente”. En este pequeño ejemplo vemos la multiplicidad de funciones. (Manito, 2006:25)
La sostenibilidad, la ecología urbana, la participación y el asociacionismo son los parámetros democráticos y la condición holística a la hora de pensar en los soportes de los equipamientos culturales y otro tipo de emprendimientos espaciales que no impliquen unilateralidad ni soluciones discriminatorias que irrespeten a las personas.
El entretenimiento cultural es un elemento no explorado suficientemente en Quito, algunos estudios hechos por la Fundación Museos de la ciudad7 muestran toda una gama de actividades que los quiteños están dispuestos a ejecutar en sus ratos libres. Las actividades van desde ir al museo, al cine, a centros culturales, a bibliotecas, leer, ir a teatros, a conciertos, a bares y cafés hasta ir al gimnasio o reunirse con los amigos. Toda esta gama de posibilidades puede hacernos pensar en la edificación o adecuación de equipamientos culturales para la recreación de los ciudadanos priorizando a las zonas de crecimiento urbano y las periferias, puesto que el Centro Histórico de Quito, está bien dotado de este tipo de espacios.
Nuestra filosofía sostiene que las ventajas comparativas de nuestra ciudad, en los duros escenarios globalizadores son sus fortalezas culturales, su topografía, su legado
6 Más información: ver http://berlin.viajandopor.com/monumentos/sony-center.php
7 Esta información apareció reseñada en la Revista Q. N17 dedicada al análisis del tiempo libre.
histórico, su condición de Patrimonio de la Humanidad. Reforzar estas y otras ventajas y combatir las limitaciones y debilidades de forma democrática y deliberativa, potenciará nuestro proyecto de ciudad hacia el resto del territorio y el mundo.
Algunas estrategias de planificación territorial para el espacio cultural.
Todas las ciudades son poseedoras de un legado cultural. Los primeros asentamientos neolíticos se registran se registran en nuestra urbe antes de la llegada de los incas y españoles. Aunque no es el ámbito de este ensayo, profundizar sobre aspectos históricos resulta importante señalar brevemente, que muchas de las funciones de centralidad de ese antiguo Quito preinca y prehispánico tienen que ver con conocimientos astronómicos relativos a la condición equinoccial de la ciudad que esos primeros habitantes quitus poseían8 como lo demuestran varias evidencias arqueológicas. Ello matiza y enriquece, a la única interpretación repetida para entender el origen de tales asentamientos iniciales ligada casi siempre a la idea del intercambio. A nuestro juicio esta interpretación es válida y probada, pero insuficiente para entender otros procesos y cosmovisiones muy imbricados al tema espacial y a los sustratos originarios del tipo de asentamiento en esta ciudad. Los elementos, espirituales, los saberes y la ciencia, la cosmovisión de los primeros pueblos quitus están fuertemente ligados a su referencia equinoccial de lo cual hay varias evidencias arqueológicas como las ubicadas en Catequilla y otras zonas de la ciudad, así como en la construcción semántica de la propia palabra Quito. Pensar este aspecto es pensar también en la fortaleza equinoccial del proyecto generador turístico y cultural de nuestra ciudad hacia el mundo pero sobre todo hacia su propia realidad y gente. Mirar afuera y mirar adentro con horizontalidad. Todas las ciudades pueden encontrar ese tipo de referentes espaciales y geográficos que les proveen particularidad y rostro propio.
Un importante aspecto que ubica la pertinencia histórica del mundo del libro y las bibliotecas a la hora de pensar las centralidades en Quito, alude a la presencia de las ideas revolucionarias y emancipadoras del precursor Eugenio de Santa Cruz y Espejo. El brillante bibliotecario, pensador, médico y periodista reforzó en Quito, con su pionero y revolucionario trabajo de biblioteca, el apego a los libros y a la lectura. Con la creación del primer periódico de esta ciudad, Primicias de la Cultura de Quito y otros escritos, Espejo creó toda una corriente de pensamiento libertario que desembocó en la revolución del 10 de Agosto de 1809. Universidades y conventos fueron los espacios para el libro y la lectura en la época colonial.
8 Varios estudios científicos refieren el conocimiento astronómico de los quitus como lo propone QUITSATO.
La figura de Espejo es la figura del amor al conocimiento, a los libros y a la libertad su legado constituye un argumento más para asumir su continuidad y preservar sus aportes en las nuevas centralidades para la ciudad. Dublín, por ejemplo, cuenta con escenarios importantes que se enorgullecen de su condición lectora y hacen referencia a James Joyce, su escritor prominente. Bares y café se visten momentáneamente, como espacios para el disfrute del libro en esa ciudad que realiza recitales y se promueve como ciudad de letras.
La Escuela de Bellas Artes y Oficios San Andrés era un centro de producción artística a gran escala. Si hablamos de Centros Culturales, podemos afirmar, como muchos estudiosos, que Quito fue todo un taller, hay autores que la han comparado con Florencia por la enorme cantidad de productos culturales que creó, muchos de los cuales vistieron la arquitectura de estas y otras ciudades. Entonces, la mención a esta escuela y muchos otros ejemplos que podríamos citar es también parte de una génesis para pensar en mantener lo que ahora conocemos como Centros Culturales con su nueva y diversa concepción. Estos aspectos históricos, brevemente mencionados, advierten la necesidad de conectar la pertinencia de asumir la centralidad cultural no desde cero sino desde el camino que hace siglos abrieron ya los habitantes de esta ciudad.
Se trata de pensar en una continuidad, remozada y pertinente, procesual, dialógica y aterrizada a todos esos referentes y a las visiones participativas, equitativas y democráticas que Quito forjó y puede forjar hoy con nuevos aportes que incorporen y no excluyan a las diversas expresiones culturales y sus actores. Cuando en nuestra ciudad se han irrespetado o infravalorado esas continuidades históricas se han cometido graves errores como el derrocamiento de la hermosa Biblioteca Nacional derruida hace décadas como fruto de una visión unilateral de la modernidad que desprecia su pasado. Todos perdimos con esa destrucción.
Sostenemos en este ensayo que las bibliotecas pueden funcionar como verdaderos centros culturales que proporcionen un perfil más diverso a las centralidades en Quito si diversifican sus actividades. Hay varias experiencias en distintas ciudades y latitudes que nos pueden indicar las estrategias territoriales y las agendas construidas en relación al mundo del libro, la lectura y las bibliotecas que han constituido un verdadero aporte a la vida de la ciudad y han incidido de manera notable en la recomposición del territorio y el alma de sus ciudadanos.
La Biblioteca Virgilio Barco, que genera una atractividad de más de 4.000 usuarios diarios, la biblioteca Manuel Zapata Olivella, La Biblioteca el Tunal y otras de Bogotá, aún en
los barrios más periféricos, no solo cumplieron el objetivo irrefutable de promocionar la lectura sino que se convirtieron en íconos urbanos y Centros Culturales con ofertas múltiples de eventos y productos culturales como recitales, conferencias, conciertos y actividades multicolores para toda la comunidad. Generaron flujos, crearon mejores condiciones de vida para visitantes y permitieron un mejor ordenamiento espacial con impactos positivos para los ciudadanos.
En Quito existen propuestas, testimonios y experiencias muy valiosas de varios actores culturales que conforman el polifacético mundo del libro y la lectura, entre ellos bibliotecarios, gestores culturales, escritores, libreros y otros. Quito cuenta con importantes bibliotecas como la Aurelio Espinosa Pólit, la flamante Biblioteca de la FLACSO que se muestra como un gran Centro Cultural para la Ciudad con una infraestructura que alberga varios auditorios y hasta una sala de cine donde ya se han desarrollado, en este corto tiempo desde su inauguración, varias actividades culturales con importantes audiencias. Mencionamos también la Biblioteca de la PUCE, la Biblioteca Municipal que hace parte de la belleza arquitectónica de la ciudad como lo es el Centro Cultural Metropolitano que es uno de los edificios más imponentes y hermosos del Quito histórico; También mencionamos en esta pequeña lista a la Biblioteca de la Casa de la Cultura y otras varias de tipo institucional. Existen varias bibliotecas universitarias de renombre en Quito entre ellas La de la Universidad Andina que trabaja en un ambicioso proyecto de ampliación; la de la Pontificia Universidad Católica, la de La Universidad Central, y otras. Todos estos lugares han contribuido a fortalecer el carácter cultural y apoyo a la lectura de los estudiantes y la comunidad a pesar de la falta de apoyo y otras dificultades, sin embargo, en el territorio ciudad, las zonas de expansión y sus periferias al norte y sur, no cuentan con nuevos íconos bibliotecarios significativos a excepción de la Aurelio Espinosa Pólit legendaria e histórica que está en el norte de la ciudad por efectos de la conurbación.
Existen, también, importantes iniciativas culturales espaciales hacia los territorios en expansión y otros sitios de la ciudad junto a agendas participativas. Los llamados Centros de Desarrollo Comunitario o CDCs del Municipio, han cumplido, de alguna manera, con el afán de acercar las varias expresiones culturales y las actividades relativas al fomento de la lectura a los barrios. No todos los CDCs cuentan con bibliotecas ni son necesariamente íconos de arquitectura aunque están equipados con parámetros de calidad como se puede observar en los CDCS de Carcelén, San Antonio y Pomasqui. Cumplen un papel dinamizador en la comunidad y en la oferta cultural y tienen el soporte del gobierno local al que pertenecen.
Sería importante que el gobierno local apoyase también la creación de bibliotecas y centros culturales que tuvieran no solamente la matriz gubernamental sino que respondieran a iniciativas asociacionistas de la ciudadanía, el mercado y el estado. En ese sentido se fomentaría y acompañaría una participación mixta y se incorporaría a más actores hacia los emprendimientos engarzados al proyecto de ciudad y pensados no solo desde el gobierno local. Centros Culturales como el de la PUCE o el Itchimbía de de prestigio internacional, guardan toda una experiencia valiosa que puede enriquecer a otros emprendimientos culturales en la ciudad y el país.
La creación de Centros Culturales que contemplen como parte de su oferta cultural al libro y la lectura, es un potencial para repensar las centralidades y el equilibrio espacial en Quito y puede aliarse con un sin fin de actores culturales de otras ramas.
La Cámara de libro, la Asociación de Bibliotecarios, las pequeñas y grandes editoriales, los escritores, los libreros, los músicos, los diseñadores, los pintores y todos los actores culturales que pueden asociarse alrededor del tema cultural en las centralidades, pueden ser parte de emprendimientos e iniciativas que viabilicen y dinamicen sus agendas en estos nuevos espacios. En términos de Precedo Ledo, estaríamos hablando de “la conveniencia de poner en marcha políticas de redistribución del crecimiento, mediante la implantación de nuevos modelos de desarrollo complementarios a los actuales”. (Precedo, 2004)
Hay cantidad de propuestas de todos esos actores culturales ante las cuales no nos detendremos por motivos de espacio. Algunas de estas deberían ser escuchadas, promovidas y viabilizadas con el acompañamiento del gobierno local. Lamentablemente, no todas estas ideas han recibido el suficiente acompañamiento y apoyo. Como muestra de ello mencionamos un titular publicado recientemente por el Diario el Comercio de Quito que afirma: “El Bibliobús, un proyecto que se oxida y llega a su fin”9. Las imágenes y el contenido del artículo periodístico señalan al deterioro de este bus que albergaba a libros y acogía a lectores. Esta nota nos confronta y alerta. La noticia convoca a la reflexión y la autocrítica de los quiteños y sus instituciones frente a la desidia o la falta de apoyo institucional que devienen en la triste destrucción de estas iniciativas. Con mentalidad positiva, el personal y los recursos adecuados, se puede rescatar al bibliobús.
Queda entonces claro que existen varios frentes en los que actuar con respecto a las centralidades con perfil cultural y diverso. Uno de ellos es la creación, innovación y adecuación de espacios; otro es el manejo de este criterio redistributivo con políticas de
9 Este artículo apareció en la sección cultural de el Comercio del día miércoles 10 de octubre.
equilibrio hacia las zonas de expansión; también apuntamos en la lista el tema de equipamientos culturales sostenibles así como la restauración y continuidad de lo ya caminado e incluimos, también, el acompañamiento, bajo el paraguas del asociacionismo que junta en iniciativas viables al estado, el mercado y la ciudadanía, para viabilizar la estrategia espacial en ciudad con agendas democráticas que no conviertan estos escenarios en elefantes blancos, unilaterales y desconectados y ajenos a la comunidad diversa.
Una de las visiones de la gestión urbana y el gobierno local que puede ayudar a caminar en este proceso puede ser la gobernanza orientada, según Guy Peters a “la prosecución de metas colectivas” (Peters, 2007:1)
Las instituciones académicas y gubernamentales pueden ser motivadoras iniciales de estos procesos. Los mapas culturales son herramientas valiosas para tomar acertadas decisiones si se suman a otras estrategias de diálogo que apuntalen las políticas urbanas. A ello deben unirse los procesos de difusión y educomunicación que incorporen al conjunto de la ciudad a las iniciativas pensadas en la calidad de vida y en el proyecto de ciudad con su participación y propuestas.
Los valles de Quito, también requieren de espacios culturales y de esparcimiento ante la galopante urbanización que experimentan.
Conclusiones
El tipo de crecimiento en Quito ha generado desequilibrios espaciales reflejados con repercusiones en la calidad de vida de sus habitantes, la pérdida de espacios verdes y la falta de equipamientos culturales en las zonas de expansión.
El manejo de un mejor equilibrio espacial y territorial para Quito debe insertarse en procesos de nuevos modelos de desarrollo sostenible para la ciudad y el país y de equidad entre el campo y la ciudad.
Quito requiere repensar su ordenamiento territorial bajo principios holísticos y participativos.
Las bibliotecas y Centros Culturales pueden ser núcleos que potencien el ordenamiento territorial y consoliden las centralidades con perfil cultural.
El mercado, el estado y la ciudadanía deben dialogar para buscar metas comunes con el norte del asociacionismo pensado en metas comunes que hagan parte del proyecto colectivo de ciudad.
La cultura es un elemento dinamizador y movilizador de las sinergias urbanas.
El derecho a un medio ambiente saludable, a la centralidad y a la belleza son piezas claves a la hora de diseñar la ciudad que queremos.
Las iniciativas y proyectos espaciales de influencia en las periferias deben ser respetuosas de los aportes hechos por el centro histórico y el legado de esta ciudad y deben engarzarse al proyecto de ciudad que potencie sus mejores fortalezas bajo ópticas democráticas.
Identidad, pluralismo y aporte cosmopolita son categorías que deben ser abordadas desde lo dialógico. Quito tiene sus especificidades pero puede y debe dialogar con lo universal y cosmopolita sin, por ello, renunciar a su memoria y referentes.
Proponemos la creación de dos íconos Centros culturales o bibiotecas de gran atractividad en el sur y norte de la ciudad en los territorios de expansión observando los parámetros de ecoarquitectura e inclusión. Hay zonas en Quitumbe y el Condado que pueden albergar estas iniciativas.
Las propuestas aquí contenidas no siempre son recetas mecanicistas aplicables a todas las realidades y territorios pero pueden propiciar y motivar deliberación y emprendimientos. Cada ciudad, cada lugar y territorio en nuestro hermoso Ecuador puede generar sus propios procesos y sus perfiles de centralidad de acuerdo a sus particularidades, geografía y fortalezas.