MIRADA INDEPENDIENTE DE LA GESTIÓN Y PRODUCCIÓN CULTURAL EN EL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO
martes, 20 de noviembre de 2012
INSTITUCIONALIDAD PÚBLICA Y SERVICIOS CULTURALES por Paloma Dávila
Institucionalidad Pública y Servicios Culturales
La puerta abierta a puntapiés
Consideraciones generales de la puerta abierta
Dejemos por un momento que se desaten las ataduras de las verdades y que las certezas nos abandonen. Aquello que parece seguro, cierto, estable… Lo inalterable de pronto fluctúa en ese espacio del desconcierto y en la cuerda floja nos balanceamos; tiemblan nuestros pies y tiembla el miedo al pensar en la caída que nos aguarda… más si solo nos abandonamos al vértigo quizás sea posible construir desde el espacio de las verdades inciertas, dejarse caer, dejarse seducir por el espacio vacío y mientras eso sucede, fascinarnos nuevamente en reencontrar todo aquello que aprendimos en tantas y tantas caídas, en tantos y tantos golpes; permitirnos recoger las interrogantes, atar los cabos sueltos, encontrar las piezas perdidas de un enorme rompecabezas e intentar quizá una nueva figura, ensayar un nuevo dibujo. Y desde esa nueva perspectiva, abandonar lo habitual, romper con lo de siempre, juntar y recoger las piezas quizás de otros suicidas que decidieron caer al abismo de lo incierto… agarrarse de un hilo… o dos… y tejer una nueva red… recoger todas las cosas encontradas en esa caída lenta y dilatada; detenernos en las mismas y mínimas cosas que siempre están ahí pero que de tanto verlas terminamos por ignorarlas sin aprender nada de ellas…
En definitiva… ¿qué es lo peor que nos puede pasar, sino caer nuevamente?… tocar el piso, pisar fondo y si la buenaventura lo permite y llegamos vivos al descenso, tener el gusto de alzar la cabeza y contemplar lo que acabamos de crear, lo que acabamos de desordenar, reelaborar, transformar y cambiar…
Creo que no hay nada más cercano a las dinámicas y prácticas culturales que aquello que se da la oportunidad de cambiar y transformarse, de multiplicarse, de salvarse, de copiarse, de transmutarse… de perderse inclusive; justamente porque la cultura es la esfera del convivio social, allí somos, allí nos compartimos, allí trasmutamos y allí construimos lo colectivo…lo particular… lo universal.
En esta bastedad el presente ensayo es una propuesta que surge desde el vértigo de una caída retenida, una mínima intuición de certeza, una fluctuación de lo evidente y un desordenado registro de los avatares de una incipiente gestión cultural que nadie nos enseño, que se construyo apropiándose de las prácticas y las ideas que el medio nos permitía, y de la perspicacia y quizá también de un instinto insensato, suicida y temerario que nos movilizaba, y que hartos de pedir permiso para entrar, abrió y tumbó la puerta a patadas, provocándonos y despertándonos del
marasmo y del letargo, y de una teoría y praxis de la creación artística que la hemos arrebatado a una generación mezquina1; una práctica y teoría que se alimenta con ansiedad de todo aquello que nos conmueva, toque y provoque la curiosidad del que crea, recrea y expresa; de la práctica del convivio de lo colectivo y comunitario que como latinoamericanos nos acerca, se registra y se recrea en esa interacción simbólica que nos devuelve y revuelve en una dinámica cultural de la que no podemos ser solo expectantes, porque precisamente ante el abandono logró juntarnos, movilizarnos, resistir e insurgir en ese breve espacio que se devela en la acción pública de la creación y la vida de la cultura. Consideraciones sin ninguna consideración, arrebatos de buena suerte, y una fugacidad de aquello que nos conmociona, apasiona y muchas veces nos desconcierta y que otras tantas veces también nos devela en instantes de fortaleza que nos permite seguir caminando… caminando nuevamente sobre la cuerda floja… Institucionalidad Pública: poder y contrapoder de la periferia Es cansón pero cierto, el poder y todo aquello que quiera y se proponga reglamentar, regular, ordenar o dirigir; especialmente en su relación con los movimientos artísticos, estaremos siempre mirándonos desde veredas opuestas; las voces se levantan y los ánimos caldean cuando quienes estamos en el ojo del huracán y en el terreno de batalla sentimos que muy poco tienen que ver las reglamentaciones, leyes, planes y sistemas de orden que idea la institucionalidad con nuestro día a día, que nada tienen que ver con los modos que inventamos y que son tan particulares que salen de toda normalidad y por lo mismo no se termina de atinar como mismo encajamos todo esto al sistema institucional.
Por un lado las autoridades quieren responder al momento político, alcanzar objetivos, metas y planes, famosos “POAs” que los expertos consideran serán la nueva panacea del cambio y la transformación, programas que a la voz de “un nuevo mundo es posible” o mejor “la cultura ya es de todos” se abren paso entre el escritorio y la teoría de lo que “debería” ser la gestión de la cultura, así bajo una visión unilateral una vez más el poder construye los pisos del cambio y la transformación; foros, encuentros y simposios recogen importantes y reveladoras voces, se firman compromisos, se gestionan los convenios… y luego que la ebullición baja otra vez, que la carrera de caballos es detenida por la parada de burros, que los procesos se estancan, y las buenas intenciones
1 En el Ecuador los procesos de enseñanza en lo que respecta a las artes escénicas principalmente, así como el acceso a los círculos de los “artista consagrados” han marcado rupturas entre las distintas generaciones. Siendo la generación de los 90s principalmente una generación que ante el hermetismo de las generaciones anteriores, comenzó de manera independiente abriéndose paso no solo en cuanto a la confrontación de sus creaciones en espacios no convencionales, sino que inicio en el medio cultural una pujante gestión en torno a iniciativas y proyectos que propugnen nuevos paradigmas y dinámicas de la gestión cultural, la cual nació con esta generación sin ningún antecedente o referente anterior sostenido.
tambalean… entonces se quiere devolver lo facturado… lo malo es que en la devolución generalmente no hay consenso, muy posiblemente; y esto sabe la vieja práctica política: el humano es un animal de costumbres; al final simplemente las dinámicas culturales se acoplaran con el tiempo; las costumbres y prácticas se acomodaran al “reglamento” (que es el que hay y punto), y quizá con el tiempo todos lo olviden y finalmente la “autoridad” logre ordenarlo todo, regular el cómo, cuándo y dónde; las quejas y el malestar resonaran como ecos, murmullos y susurros en los pasillos de las instituciones, bajaremos la mirada y… seguiremos con el papeleo.
Sin embargo quienes venimos del tablado en el cual el conflicto es nuestro “leit motiv”, constantemente nos preguntamos todo, ¿por qué? ¿para qué? o como decimos los quiteños… ¿cómo es que dice? ¿cómo así pues mijo…?
Nos preguntamos y cuestionamos la dinámica impuesta porque a cada paso vemos como esta atropella los procesos que tanto trabajo nos ha significado levantarlos y sobre todo sostenerlos, vemos a la institucionalidad como una gran fortaleza inexplorable e inaccesible que en un inicio se muestra como aliada y amiga, más en la práctica nos vamos dando cuenta que ésta desconoce, ignora y atropella los procesos independientes, así como ignora las dinámica locales especificas surgidas desde distintos modelos o mejor dicho “modos de hacer”.
Quizás los más “vivos” sepan encontrar y sortear los recovecos de la fortaleza y aprendan a lidiar con el monstruo. Mientras tanto en la periferia del descontento, una vez más vemos la puerta cerrarse a nuestros cansados ojos, entonces sucede lo inevitable, nos distanciamos de lo que se propugna como nuestro y la marginalidad empieza a habitar todas nuestras iniciativas, una vez más nos sentimos engañados y en el agotamiento corremos tras los huesos que de vez en vez el cocinero de la fortaleza tenga a bien lanzarnos.
¿Exageración? No lo creo, desde hace aproximadamente unos 15 o 20 años hemos visto desfilar por el gobierno quiteño una serie de iniciativas que han promovido la reglamentación y la institucionalidad como mecanismos de control, orden y desarrollo, así poco a poco los quiteños y quiteñas hemos ido asimilando sendos discursos que nos ubican y nos visualizan como la gran capital patrimonio de la humanidad, Quito Luz de América, Quito Capital iberoamericana de la Cultura, Quito Ciudad Maravilla, etc. En esta dinámica de ordenamiento, reglamentación e institucionalidad, el espacio público ha ido soportando transformaciones no solo en lo físico, sino en las percepciones que los ciudadanos nos hacemos de la convivencia en los espacios comunes y compartidos, y no solo esto ha influido en esta carrera por alcanzar lo inalcanzable, sino que también la ciudad en ese afán de alinearse a la gran aldea global, de demostrar al mundo que somos civilizados, limpios, educados, turístico, etc, los procesos de institucionalización han sido también intentos nos solo de organizar lo
público como espacio físico, sino de organizar el comportamiento, de intervenir las iniciativas propias y dirigir lo que en la marginalidad y el abandono fueron apuestas a utopías de las que en su momento poco o nada le importó al poder, peor aún a la institucionalidad. Cuándo las iniciativas surgieron en nuestras propias casas, cuando ante la carencia de espacios encontramos espacios en la casa barrial, en la iglesia de la parroquia, cuando quisimos transformar cada lugar; calle, esquina, cuarto, bodega, mecánica, la sala de la tía… en un teatro, aforándolo con sábanas, plásticos, cartones y lo que fuera posible, iluminándolo con tachos de latas de pintura y cables con extensiones parchadas, ensayando en los parques, calles o galpones abandonados, sin más butacas que aquellas construidas con ladrillos y tablas… Así de alguna manera empezamos a hacer convivio creativo en los espacios públicos, sin más convenio o contrato que el de convencer al portero que nos abra la puerta, y “sin querer queriendo” peor aún sospecharlo, también se comenzó a provocar otras y distintas experiencias culturales en la comunidad… y si todas la puertas estaban cerradas entonces hacíamos públicas nuestras propias casas y por ende nuestras vidas, así de a poco empezamos a construir una dinámica de la gestión artística que crecía en la periferia del abandono institucional pero fuertemente acogida por quienes se lanzaron simplemente al agua fría, y que a cada paso también construía su propio discurso y pensamiento hallando en la sencilla didáctica de compartir con los vecinos y familiares nuestras iniciativas. Una incipiente práctica de gestión, promoción y difusión cultural se sostenía en un contrapoder situado en la periferia del poder institucional, abriéndose paso desde las sencillas prácticas surgidas en la “teoría del embale”2.
Al otro lado del muro sin embargo la institucionalidad siguió trabajando (y lo continua haciendo) con todo su aparataje humano y burocrático, su monumental infraestructura, sus recursos económicos, etc. Gobiernos tras gobiernos, administración tras administración han fomentado un “modus operandi” que define su accionar. Para la mayoría este accionar ha sido la continuidad de una historia nacional marcada a fuego y hierro por el saqueo, el despojo, la indolencia, el oportunismo y el abuso de poder en su máxima expresión, cual Edipo a muchos no nos faltan las ganas para arrancarnos los ojos y así dejar de ver esta trágica historia institucional; un grito en el silencio y una sensación de impotencia marcan estas líneas mientras intento mirar a través del velo de la memoria… sin embargo ahora me detendré únicamente, y solo por puntualizar brevemente, en los espacios culturales manejados por la institucionalidad municipal: FTNS, circuito de museos, bienes patrimoniales del centro histórico, centros culturales, etc, los cuales han ido posicionándose en la comunidad con una visión harto elitista de la cultura: cero gestión de procesos de formación de
2 Embale: lanzarse, botarse, saltar al vacío… referirse a la “Teoría del Embale” es hablar sobre los procesos de creación, gestión cultural y modos de producción, que ante la carencia, surgen desde las percepciones e intuiciones de sus propios actores, sustentadas, más que en teorías y técnicas aceptadas y comprobadas, en dinámicas impulsadas por las ganas y la imperante necesidad expresiva de confrontar su accionar públicamente. El “embale” es una urgencia y un grito en la periferia sin más argumento que la misma urgencia y la necesidad de reivindicarse individual y colectivamente como actores culturales activos.
públicos, cero sostenimiento económico, despilfarro de recursos, poca apertura a las manifestaciones artísticas locales, cero capacidad de involucramiento de los actores afines, cero gestión de aprovechamiento de recursos a través de estrategias inter-institucionales, (solo por citar algunos aspectos). Esto se resume simple y llanamente en una administración con una visión muy reducida de la dinámica cultural, alejada totalmente de un proceso de gestión a la altura de las transformaciones socio-culturales que están a la vanguardia del pensamiento y las prácticas culturales más exitosas.
Hoy por hoy y supuestamente al alba de la larga y triste noche neoliberal, las desigualdades sobrepasan en una relación de 10 a 1 los paupérrimos presupuestos para fomento a la creatividad, actividades culturales descentralizadas, procesos culturales locales, iniciativas artísticas independientes, festivales, encuentros, publicaciones, etc, es decir procesos culturales que surgen desde las bases ciudadana y las expresiones artísticas locales. En el año 2011, el presupuesto por parte de la Secretaria de Cultura para fondos concursables, iniciativas independientes, creación, difusión, etc, es decir para “la prole” fue aproximadamente de 300mil dólares, mientras que para las Fiestas de Quito fue de 5 millones de dólares, el presupuesto a la Fundación Teatro Nacional Sucre en este 2012 haciende a un aproximado de 3´8 millones - fondos únicamente para su funcionamiento interno -, recursos que son otorgados por la Municipalidad; la FTNS registra cero fondos obtenidos de gestión propia e independiente, igualmente se asignaron 400mil dólares para gastos a la “Velada Libertaria”, mientras que para la formulación de las iniciativas independientes y procesos culturales ciudadanos los recursos cada vez son menores, de hecho este 2012 se registra cero inversión para actividades culturales comunitarias y/o independientes, no se diga de los irrisorios presupuestos entregados a las administraciones zonales.
Sin embargo para que esta “inversión” no se vea tan escandalosamente alejada de los actores culturales, la municipalidad también ha ido creado otras iniciativas, digamos de “corte más popular”, así el pueblo no se quedaría elevado viendo como otros comen. De hecho nadie podría juzgar a la administración cultural municipal de no haber invertido recursos en cultura, tal es así que el Municipio de Quito es uno de los gobiernos municipales que más iniciativas y recursos ha invertido en cultura en el país, más todo este esfuerzo se borra con el codo cuando esta inversión no está sustentada por una gestión eficiente que contemple no solo la entrega de “limosnas” al sector cultural ciudadano, sino una justa, digna y creativa distribución y aprovechamiento de los recursos invertidos, de tal manera que los esfuerzos trasciendan el plano únicamente monetario, al plano de la valoración a las iniciativas locales, que son a la larga lo que en verdad construirá las bases de una real democracia cultural de primer orden.
Este año, ya con el cuarto año de revolución ciudadana y todo, el presupuesto mayor en cuanto a cultura se siguen llevando los mismos de siempre: FTNS, Museos y Centros Culturales, Fiestas de Quito, lo cual incluye el programa de elección de la Reina de Quito, evento harto absurdo con más de una crítica, no se diga la “celebración de la Fundación de Quito”, celebración que nadie entiende que mismo se celebra, y que a cualquier lógica con un mínimo de sensibilidad y sentido histórico de nuestro continente resulta sencillamente una aberración… más todos estos grandes montos no se verían tan mal si los resultados en cuanto a una corresponsabilidad y sentido de coherencia con la políticas culturales no fueran tan vergonzosamente contradictorios entre lo que se dispone y lo que se termina haciendo, lo cierto es que una vez más se constata el infame manejo institucional que nuevamente responde a intereses y cálculos ya sean políticos, electorales, y a los grupos económicos y de poder de toda la vida. La conducción actual del manejo de recursos por parte de la municipalidad no es aceptada por una gran parte de la comunidad de artistas ni de gestores culturales, pues se menosprecia el ejercicio creador, se reduce la cultura a una pancarta y a los artistas se los contrata bajo el concepto de creativos de publicidad que se conforman con cualquier donativo. El apoyo a la creación libre y el fomento a la cultura en justicia y democracia es la razón de ser de la institucionalidad, que sin embargo gasta más fondos en sus propios programas y en el pago de su burocracia que en el fomento artístico y cultural fuera de su edificio.
Por otro lado está la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el gran edificio ubicado en la Av. 6 de diciembre y Av. Patria; teatros, salas, auditorios, bibliotecas, etc conforman este monumento a la inoperancia, y a la indolencia, quienes alguna vez trabajamos en estos espacios sabemos que para que las cosas medio funcionen, es decir para que los guardias, técnicos, personal de limpieza haga su trabajo hay que “darles para las colitas”. Teatros y espacios descuidados donde claramente se ve un abandono institucional a todo nivel posible… la ignominia recorre los grandes pasillos de la CCE, de la Casa que seguramente Benjamín Carrión jamás soñó ni en sus peores pesadillas.
En la ciudad de los contrastes crecen los paralelismos que ninguna revolución por más ciudadana que sea ha logrado cambiar una historia de despojos y usurpaciones, y no porque no le da la gana o sea “mala nota”, sino porque nuestro proceso histórico se construye en una suerte de paralelismos que han marcado diferentes historias para un mismo pueblo, y que en la carrera por la sobrevivencia que nos impone el subdesarrollo no terminamos de encontrarnos peor aún de consensuar El Quito Que Queremos.. Sin embargo al fin y al cabo esto es precisamente es lo que se espera de la institucionalidad: que esta promueva el espacio en el cual se sienten los referentes para esos posibles encuentros y quizás lograr distinguir en las diferencias las igualdades que nos permitan crecer y caminar…
La privación de lo público
Se crea la institucionalidad con el afán de lo que es de todos y todas sea democráticamente gestionado y administrado, es decir, se salvaguarde lo que se considera propiedad del colectivo para beneficio, provecho y uso de todos los habitantes, sin embargo, paradójicamente a lo que esperamos, en muchas ocasiones pasa que nada es más privado que aquello que se consideraba público. En ese manejo institucional a la deriva de la falta de empoderamiento y políticas claras de gestión, sin más, quienes abanderan el manejo de la institucionalidad pública de pronto no son solo los administradores que deberían responder a una política de inclusión y deliberación de la administración institucional, sino que se convierten en los regentes, dueños y patrones de las dinámicas de gestión de la institucionalidad pública.
Para darnos cuenta de esto no se necesita de grandes análisis e investigaciones. En tantos años de creación de instituciones culturales tanto locales como nacionales, jamás ha existido una verdadera inclusión de los sectores afines a la institución pública, no se conoce de políticas claras, planes institucionales amplia y democráticamente deliberados, únicamente se promocionan eventos, ejes, iniciativas y programas mediáticos (en el mejor de los casos) mismos que se promocionan en grandes eventos que nos quieren hacer pensar que participamos, más es un secreto a voces que quienes han detentado el manejo institucional responden generalmente a intereses particulares históricamente apropiados por regentes que han hecho de la gestión pública su espacio de poder. Esto en verdad no sería un problema, todos respondemos a interés propios y particulares, el problema es que a la falta de políticas claras y un real enfoque de acción coherente a las políticas, cada administrador llega a gestionar la institucionalidad desde visiones poco claras que no representan los verdaderos intereses ciudadanos, es decir cada cual hace “lo que bien pueda”.
Este ha sido el lastre histórico de una deplorable e infame conducción del poder no solo en la ciudad de Quito sino en el Ecuador en general. En el ámbito cultural la institucionalidad de lo público se mueve en un plano de las buenas ideas y de los buenos propósitos, asistida justamente por la carencia de políticas que respondan a una visión amplia que logre dinamizar una real gestión en la cual cada uno de los ciudadanos y actores involucrados se sienta empoderado, acogido y representado en los distintos espacios de poder, gestión y acceso a la participación democrática en la institucionalidad pública.
En este punto cabe preguntarse si las políticas culturales bastaran para garantizar una gestión eficiente, incluyente, participativa, democrática, etc, tal cual la misma constitución dispone. Seguramente será un avance, más no serán suficientes ni efectivas si se continúa contemplado únicamente políticas “macro-culturales”, y si constantemente estamos buscando alinearnos en pro de lo que se considera “desarrollo y progreso”, que no es nuevo, ni tampoco es la panacea de los paradigmas más vanguardistas de gestión cultural, y que por lo mismo sigue dando traspiés a cada
paso. La nueva era, y la cultura mucho más que la economía, será el factor determinante de la gestión gubernamental. Hoy en día las políticas tradicionales para la cultura y las artes se orientan generalmente por un paradigma elaborado para otra época, aquella que da inicio a la modernidad, marcada por los valores como expresión del pensamiento humano y del desarrollo pleno del individuo. Esta política cultural de alcance parcial como ahora se percibe no resuelve el conflicto cultural que se revela cada vez más intenso en la contemporaneidad, me refiero aquel que fluctúa entre las esferas de lo público, de lo privado, de lo multicultural, de lo pluricultural, de los procesos de las minorías y nuevas culturas urbanas, así como de las prácticas culturales que perviven en la fiesta, la memoria y el mestizaje de un continente con una historia muy particular. En una época que los recursos económicos son escasos y las crisis económicas y políticas develan lo que ya sabíamos y que al parecer solo ahora muestran con más claridad el ocaso de un sistema que sencillamente ya no puede sostenerse; la definición de prioridades es inevitable, entonces es cuando el lugar del desarrollo precisa ser dado a la política cultural que visiona la constitución de una cultura política como el principal instrumento de arte público que es capaz de reconfigurar nuevamente los espacios públicos no al interior de un sistema que se desvanece, sino de propugnarse como la cultura del arte donde el ciudadano/a pueda recrear nuevos paradigmas de convivencia y sentido de la democracia.
Si acaso alguien podría juzgarnos de algo, bien podría hacerlo de todo, menos de no tener leyes ni reglamentos, de hecho toda la vida pública está regida por leyes, reglamentos, ordenanzas, estructuras, sistemas, formatos, pasos, formularios, patentes, etc, sobran los mecanismos que han tratado de poner orden para lograr una gestión más democrática de la institucionalidad pública, sin embargo cuando a ésta le atraviesa el tema cultural las complejidades son tantas que simplemente las dinámica culturales y la cultura en sus distintas y diversas expresiones no encaja, no logra calzar en tantos y tantos sistemas de orden y control. Bajo este contexto un eje fundamental del plan distrital de cultura es aquel que necesariamente debe convivir continuamente con la dinámica de la transformación y el cambio, recordando que la institucionalidad está al servicio no de la institución como fin sino del bien común y colectivo, esto se lograra en primera instancia con una aguda visión de los procesos culturales en todo orden. Pareciera que esta premisa puede resultar por lo demás básica y evidente, mas solo nos bastaría volver la mirada, ver la gestión institucional actual, y constatar que no está demás aclarar algo tan elemental.
Los parches del sistema
La onda del copy-page de programas foráneos hoy por hoy es la gran panacea sobre la que se sugiere construir esas políticas e iniciativas que suponen cambiaran nuestra vida: fondos concursables, sistemas de fomento a la creatividad, etc, son la base para el ordenamiento y la directriz de un desarrollo cultural que por fin nos sacara del subdesarrollo, lo que ha pasado con este modelo de
gestión de recursos es que por un lado efectivamente a logrado dinamizar al sector, se ha fomentado el desarrolla a la creatividad, se han dinamizado varias iniciativas de todo orden, (¿bajo qué premisas y a costo de qué?, eso es muy cuestionable, pero no me detendré en este análisis), por otro lado todos estos proyectos han sido únicamente destellos fugaces, incandescencias repentinas que no terminan por sentar los cimientos de una dinámica cultural que se propugne como eje de desarrollo sostenible y trascendente. La pregunta entonces es evidente ¿Qué esperamos de una institucionalidad pública que piense en la cultura como eje de desarrollo social fundamental para la convivencia?
Como mencione en un inicio la gestión de la cultura y la dinámica de las políticas que la acojan no pueden mantenerse en el plano de lo inamovible, de hecho nada que tenga que ver con la convivencia y el desarrollo humano podría estar situado en el terreno de lo inamovible y lo estático, esta consideración debería ser el principal motor que contemple un plan distrital de cultura que pretenda ser un gran movilizador de la creatividad, de la sensibilidad, y del convivo cultural en legitimidad.
Por esto considero que lo que respecta a la institucionalidad el plan distrital de cultura como política de desarrollo y en el marco de una re-institucionalización de lo público debe contemplar los siguientes enfoques:
El deber y sentido de ser de la institucionalidad pública cultural: determinación de sus alcances, limitaciones e intervención en la dinámica socio-cultural de la ciudad.
Clarificar los procesos de participación y empoderamiento en relación a las iniciativas de los actores culturales locales, sector artístico y ciudanía en general, encontrando los mecanismos y estrategias que valoren y posicionen las aspiraciones ciudadanas en cuanto a gestión cultural institucional.
Determinación específica de uso y funcionamiento de los distintos equipamientos que se considera propiedad pública por su naturaleza específica, su tradición particular, sus características de infraestructura, su posición geográfica en la ciudad y sus posibles proyecciones, transformaciones y alcances.
Establecer y clarificar el sistema de fomento, apoyo y desarrollo a los procesos artísticos y creativos locales referidos a: Productos artísticos directos de las distintas especialidades, puntos de difusión e intercambio de la producción creativa de las distintas especialidades, espacios de capacitación e investigación relativos a los procesos creativos.
Configurar un sistema de patrimonio de la memoria vivo y dinámico (Museos, Archivos, Bibliotecas, etc) que se posicione en red y en relación activa con el movimiento cultural y artístico, de tal modo que se logre amplificar, potencializar y dimensionar la dinámica
cultural y los esfuerzos e iniciativas culturales y artísticos existentes, a la vez que se enriquece y diversifica los servicios institucionales que conforman el patrimonio de la memoria.
Impulsar y reivindicar el uso de los espacios compartidos: En primera: generando una gestión eficiente de aprovechamiento de los recursos en cuanto al traspaso de información, acciones conjuntas de cooperación inter-institucionales en una red distrital de escenarios y centros culturales para el desarrollo de todas las artes, y en segunda: reivindicando la acción ciudadana de sentirse parte del espacio público, conviviendo en libertad en él, creando en él, y expresando en él la vida cultural del convivio de la diversidad y la otredad en ese continuo cambio y transformación propio de la dinámica cultural.
Ejecución descentralizada en referencia a los campos de la creatividad, de la memoria y de la difusión de los saberes, materializada en las propias unidades centrales principales de agregación de experticia por cada campo: escénico y musical, plástica y nuevas expresiones visuales, bibliotecas y centros de saberes, museos y archivos.
Ejecución centralizada en el caso de la Investigación y Formación, que papel cumple y puede cumplir el Instituto de la Ciudad que se espera que amplié los campos relativos a la cartografía, mapeo e indicadores culturales, así como otros de vinculación, importancia, e influencia transversal distrital, apoyándose en métodos que promuevan la participación de los principales actores involucrados permitiendo así generar otro y más completos enfoques de información para cada uno de los tópicos.
Fomento a la dinamización de las economías culturales bajo lineamientos que promuevan la autorregulación de recursos, aprovechamiento de recursos materiales y humanos y el apoyo a sistemas eficientes y sostenidos de consumo cultural. Configurar cada uno de estos aspectos marcará un antes y un después no solo en cuanto a la percepción del buen uso de recursos que nos hagamos los actores vinculado, beneficiados, y ciudadanía en general, sino también a la gestión de recursos que logren ser invertidos de manera trascendente, así posiblemente el sector cultural bien podría avizorarse como un campo productivo y dinamizador de la las economías locales (teniendo en cuenta sus particularidades), porque pese al discurso de “inversión” que maneja la política actual en cuanto a cultura, a la “hora del té”, el ámbito cultural sigue considerándose un gasto, algo de lo que bien podría prescindirse y que realmente no representa ningún beneficio del cual sacar provecho, a menos claro está que estemos en campaña política… y quizá ni así.
Servicios y bienes culturales
Lo caótico del orden
Un aparente desorden es la primera impresión del visitante cuando entra a nuestra casa, una habitación repleta y saturada de tantas cosas, todo y nada habita en un caos por el cual apenas si se puede transitar, tal es así que los ojos del visitante deben tratar de acostumbrase y recuperarse del primer impacto, solo el hecho de cruzar la puerta puede ser para él un paso en falso… Pero no para nosotros. Nosotros nos movemos por la habitación como peces en el agua, nos deslizamos y bailamos en cada giro, porque todo aquello nos es cercano, como si siempre hubiese estado allí, porque es nuestro… incluso estuvo allí antes de nosotros mismos.
En el gran torrente de las costumbres, los saberes, el arte, la memoria, el recuerdo, la ropa tendida, las ollas y sus caldos, las hierbas, los aromas y sabores, los cuentos, las manos, las paredes y la puerta, nos damos cuenta que lo encontramos todo. A veces sobre una mesa encontramos un pedazo de espejo entonces también encontramos nuestro reflejo, en una esquina las llaves del ropero que tantas veces la buscamos y que seguramente la volveremos a extraviar, y detrás del escritorio esa foto en blanco y negro… En este aparente caos todo tiene sentido, todo calza y las piezas del rompecabezas solas y por encantamiento encajan una a una…
La cultura, sus expresiones, saberes, costumbres, modos, formas, centro, superficie, profundidad, memoria, patrimonio, artes, es el gran aparente caos en el cual nos reconocemos y en el cual nada humano nos es ajeno; nuestro caos tiene y encuentra un orden en el espacio en el que mágicamente todo tiene su lugar y todo nos queda como anillo al dedo, de ahí que cuando la institucionalidad cual visitante comedido pretende ordenarlo y “civilizarlo” todo, en nuestro sentido de orden evidentemente se desata el caos institucional.
¿Cómo ordenar todo esto? - se pregunta - Bueno, pues revolvámoslo todo nuevamente a ver si por suerte y con ayuda de la divina providencia ponemos fin al caos… No, pues entonces dejémoslo intocable, así tal cual, capaz termina sirviendo como pieza de museo… No, entonces qué tal si llamamos a los especialistas en orden… ¡¡Si¡¡ claro, para eso estudiaron tantos años, se quemaron las pestañas, gastaron cientos de plumas, desplumaron el plumero, se inventaron el agua tibia, tomaron ayahuasca y en una visión encontraron la respuesta a todos los enigmas. Si… será como encender una vela en tanta oscuridad…
Es así como a la luz de la penumbra de los especialistas en orden, al llegar a casa aun seguimos tropezando en el camino libre de caos. Ahora ya no saltamos, brincamos ni bailamos. Caminamos, marchamos… y ya nada lo intuimos, ahora mejor… todo lo pensamos y razonamos. Sin embargo a veces entre tanto orden encontramos la llave del ropero debajo de la cama y hay veces también, y sin que nadie nos mire… como en un arrebato de rebeldía, que nos da la gana de comportamos
irracional e inmaduramente revolviendo y disparatándolo todo; solo al final una cierta nostalgia del caos se le da por colarse en nuestra cama y hay veces que termina durmiendo a nuestro lado. Desde que para el Estado la cultura se convirtió en uno de los ejes de desarrollo, y para los gobiernos en una gran herramienta del poder, la institucionalidad cual brazo armado se ha trazado el gran objetivo de institucionalizar la cultura. Si lo ha logrado, bueno eso está aún por verse… más se podría pensar que en cierta medida lo está consiguiendo, tal es así que hoy hablamos de Servicios Culturales, es decir un bien capaz de entrar en el gran sistema y ser capaz de promover competencia - corrección - competitividad, economía, gestión administración, etc. La cultura entra entonces en el gran mundo de las finanzas, la política, el poder y el mercado. Más si la cultura es un gran compendio de saberes, modos, artes, patrimonio, etc, ¿será que todo se puede catalogar como servicio? ¿será que todo tiene un quid pro qua, un toma y daca, un jala y afloja?
El dilema se presenta cuando las políticas culturales (que aún no acaban por concretarse) con su carácter universalista y democrático pretenden cobijar a todo3. Los pueblos asientan sus constituciones en base a un Estado Garantista de Derechos en el cual se comprende que la vida se desarrollará en plena legitimidad, garantizado el bien y el servicio como un derecho irrenunciable. En principio todos estamos de acuerdo, de hecho esta disposición es la pregunta de la felicidad, ¿usted quiere que el estado le provea y garantice todos sus derechos sociales, culturales, humanos, etc? ¡Pues claro! nada más lógico. Más… ¿cómo se logra garantizar esto? ¿Quién paga por que sus derechos y garantías constitucionales se cumplan a pie de la letra? ¿Seguiremos los artistas y gestores culturales siendo los grandes financistas y potentados patrocinadores que hagan cumplir esta disposición? A primera vista estas políticas dan la impresión de que el Estado es el gran benefactor, es así como bajo este modelo se crean los objetivos de la institucionalidad, buscando acoger de algún modo aquello para lo que se supone esta creada. Sin embargo en esa disposición y amplitud de las políticas suele pasa que el rumbo se pierde, la brújula se satura y finalmente se camina dando tumbos, pisando a quien tenga la mala suerte de entorpecer el camino trazado por los “altos intereses de la nación”.
3 Art.- 23 “Las personas tienen derecho a acceder y participar del espacio público como ámbito de deliberación, intercambio cultural, cohesión social y promoción de la igualdad en la diversidad. El derecho a difundir en el espacio público las propias expresiones culturales se ejercerá sin más limitaciones que las que establezca la ley, con sujeción a los principios constitucionales.” Constitución de la República del Ecuador 2008 En lo que respecta al Plan Nacional del Buen Vivir, la Política 8.2 dispone: Superar las desigualdades sociales y culturales garantizando el acceso universal de toda persona o colectividad a participar y beneficiarse de los diversos bienes y expresiones culturales.
El asunto es como seguir la brújula hacia el rumbo más certero posible, porque hay una diferencia entre los servicios culturales que persigue la institucionalidad y los servicios y prácticas que devienen de procesos anteriores a ella, solo con esta distinción es posible mirar que el camino no es una vía en un sola dirección, y que muchas veces nos topamos con curvas, pasajes y senderos que no teníamos ni idea de que existiesen y que no todo puede considerarse como servicio, aunque bien puede ser considerado un bien cultural.
Es esta la delgada línea roja entre patrimonio, memoria, arte y cultura, cruzarla bastaría para que todo se trastoque, para que la tortilla se dé vuelta y configurar otra realidad. De hecho en tantos años de aciertos y desaciertos la línea se ha cruzado un sinnúmero de veces, ¿y qué ha pasado? Nada, dirían sus infractores. Lo cierto es que mucha agua ha pasado y mucha tela se ha cortado en esas idas y venidas, especialmente en lo que se refiere a las prácticas culturales que transitan por el patrimonio y la memoria. Un ejemplo de esto es la transfiguración que han tenido las festividades ancestrales a partir de la entrada de la institucionalidad como el prioste mayor de la fiesta; (al respecto bien se podría hacer un sesudo análisis) otro ejemplo es el carácter competitivo en que se han tornado los encuentros inter-parroquiales de cultura del distrito, en los cuales los diferentes grupos culturales ya no viven el encuentro y el traspaso de saberes como consigna principal, sino la competencia y el espectáculo de la cultura.
La principal característica de lo que se entiende por servicio es por lógica el acceso a él y la calidad de gestión para lograr su dinámica. Una gestión de los servicios culturales que se desee piense en provocar desarrollo y democracia cultural para beneficio social, cultural y espiritual que los pueblos necesitan, debe estar abanderada por cuidadosas y claras dinámicas de gestión que respondan y sean movilizadas por una institucionalidad en la cual los actores involucrados se sientan y se vean empoderados y representados en los procesos e iniciativas que se propugnen, siempre con un mirada hacia una constate renovación, visión y sentido de la dirección de un camino por el cual un pueblo anhela transitar. Considero que estas dinámicas de gestión en cuanto al fomento y oferta de servicios culturales deben recoger los siguientes enfoques:
Contexto socio-cultural de la ciudad, o mejor dicho del ciudadano, cuáles son sus características, su idiosincrasia, sus prioridades y necesidades específicas. Lo cual permitirá encontrar las estrategias para conocer por dónde empezar y que consideraciones debemos tener en la planificación y dinamización de las iniciativas culturales que se promuevan. Aquí considero Importante levantar una investigación sobre demanda de servicios culturales y recreativos por sectores.
Formación y construcción de nuevos públicos, es un hecho que este aspecto pasa como eje transversal en lo que respecta al impacto de las iniciativas culturales y artísticas que se
propugnen en la dinámica de la gestión y creación artística. Las consideraciones en este punto, deben pasar por el plano del acceso a los medios de comunicación, las estrategias para la formulación de fomento a las necesidades y consumo cultural, la valorización y sensibilidad del arte y la cultura, la economía y concepto amplio de lo que se propugna como industria cultural, acceso y gratuidad, entre los aspectos más relevantes.
Lo centralizado y descentralizado: Buscar los mecanismos que permitan trabajar en las diferencias de las distintas dimensiones y realidades de desarrollo tanto urbanas y rurales, es decir considerar las diferencias específicas promoviendo las mismas oportunidades de acceso y equidad en la redistribución de recursos.
Redes y corredores de acceso a servicios culturales y artísticos. Este aspecto implica que se lograría potencializar de manera sustantiva no solo las expresiones artísticas y culturales, sino también configurar un nuevo modelo de gestión de la infraestructura y el espacio público, dado por estrategias, cooperaciones, convenios y acuerdos inter-institucionales logrando establecer un sistema de gestión de servicios más amplio y diverso, que logre dinamizar y gestionar el espacio público e infraestructura: teatros, galerías, museos, bibliotecas, centros culturales, etc
Saberes, Patrimonio, memoria y prácticas culturales: Estas se establecerían en un plano muy particular que promoverían ciertamente otras miradas y otras discusiones de lo que se comprende por servicio cultural y gestión institucional. Las consideraciones al respecto deben contemplar estas distinciones sobre todo en el plano de los alcances e intervención que promueva la institucionalidad.
Producción y gestión de la creación artística: Definición y estrategias de desarrollo en cuanto a la producción y apoyo a la creatividad, formación y profesionalización artística, espacios de ocio y animación socio-cultural, movilidad, dinámica y gestión de la economía en el arte, Industria cultural sus consideraciones y complejidades: lo masivo vs lo único.
Festivales, Encuentros y eventos culturales de alto impacto, vistos estos como servicios culturales promotores de nuevos públicos, provocadores de referentes de otros universos culturales, estimulador del pensamiento colectivo, y dinamizador de economías locales y desarrollo turístico.
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La “celebración de la Fundación de Quito”, festejo que nadie entiende que mismo se celebra, y que a cualquier lógica con un mínimo de sensibilidad y sentido histórico de nuestro continente resulta sencillamente una aberración…
ResponderEliminarPALOMA DÁVILA
Los Poderes Públicos (Ministerio de Cultura), de la Iglesia y del Cabildo Quiteño (Secretaria de Cultura)se han concentrado en proteger y respetar los monumentos históricos y no en dar fuerza la gestión y producción cultural independiente y alternativa. Digo esto porque me puede explicar alguien desde la institucionalidad, porque diablos!!! para las fiestas de Quito, siempre contratan a los Chaucha Kings, Rocola Bacalao, Papa Chango., Juan Fernando Velasco, etc. Acaso no existen mas artistas??? O los contratos son a dedo???
ResponderEliminarDEMOCRACIA CULTURAL